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106. Desde Piriápolis hasta Punta del Este.

Nos despedimos de Piriápolis y partimos hacia Minas, en el departamento de Lavalleja. En Uruguay todo es tan cerca… nos resultó simpático que los uruguayos le llaman “el paisito”, una forma cariñosa de referirse a su territorio.

Nos tomó tan solo una hora por la ruta 12 para llegar a este sitio que nos habían recomendado otros viajeros. Esta zona se caracteriza por sus sierras que aunque bajas, le dan un toque diferente dado que el territorio es bastante plano. Nos bajamos a caminar por la plaza de La Libertad desde donde pudimos adivinar la planeación, tipo damero, herencia de los españoles.

En el centro estaba una fuente y en el centro de ella, el homenaje ecuestre a Juan Antonio Lavalleja, político y militar nacido en estas tierras, que dirigió la cruzada libertadora de Los Treinta y Tres Orientales, que desembocó en la liberación de este país. Este monumento mira hacia la catedral de La Inmaculada Concepción que está en frente, dentro de un pequeño callejón.

Catedral de La Inmaculada Concepción

Luego de caminar por sus calles principales, subimos al Cerro Artigas. Allí visitamos su histórico y emblemático monumento al prócer, general José Gervasio Artigas. Nos sorprendió por su enorme tamaño.

Esta inmensa y bonita obra del escultor Stelio Belloni fue inaugurada en 1.974 y hasta el 2.008 fue considerada la estatua ecuestre más grande del mundo.

Esta es una pequeña población de unos 40.000 habitantes. Visitamos el Parque Rodó, que sobre sus dos hectáreas tiene un lago, circuitos para bicicletas y senderos. También hay facilidades para pasar el día, así que nos estacionamos y preparamos nuestro almuerzo. Allí leímos que todos los años celebran el festival de Minas en Abril y el de el Jabalí en Noviembre.

En este día apenas si habían unas seis personas, dos perros que al parecer amaban los frijoles porque nunca se nos despegaron de al lado y un viento helado que no paraba de correr. Por las recomendaciones que leímos en Tripadvisor, la visita al Salto del Penitente era obligada, por su belleza natural.

Salto del Penitente

Al llegar al sitio, luego de unos 25 kilómetros, caminamos hacia la caída de agua de unos 60 metros, que en honor a la verdad, poco nos impresionó. Luego, al llegar al restaurante y la zona de servicios donde además hay un hotel, conversamos y entendimos que este fuera el único (o uno de los únicos) saltos de agua en Uruguay, lo que lo hace valioso para el turismo y para las numerosas opiniones en el portal mencionado, que generalmente suelen ser útiles.

Salto del Penitente

Visitamos mas tarde Villa Serrana un poblado ubicado en los valles del Arroyo el Penitente. Con estilo europeo, eran por lo general casas de descanso y buena oferta hotelera. Nos lució un sitio bastante tranquilo y con una bonita energía.

Poco tiempo nos tomó recorrer La Villa y con ella, los atractivos de esta zona. Siendo aún temprano y lo que habíamos conocido no nos atrapó, decidimos seguir hasta la famosa Punta del Este.

Tomamos la ruta 60 que transcurría junto a una alfombra con muchas tonalidades verdes, pequeñas ondulaciones arborizadas y con escaso tráfico. Nos adelantó un auto pequeño que iba a gran velocidad sobre esta pista mojada. Pocos kilómetros mas adelante luego de una curva pronunciada, estaba incrustado en medio de unas rocas fuera de la vía. Nos bajamos para ayudar y afortunadamente solo era el susto y daños mecánicos.

Por la época, vimos numerosos fardos para alimentar el ganado. ¿Sabias que en Uruguay hay cuatro veces más cabezas de ganado que personas? Uruguay tiene unos tres millones de habitantes y unas doce millones de cabezas de ganado.

Catedral de Puerto Maldonado.

Mas adelante, conocimos la ciudad de Maldonado que es la capital del departamento homónimo y actualmente se encuentra conurbada con la ciudad  de punta del este. Su catedral de San Fernando es uno de los edificios más emblemáticos al igual que el cuartel de dragones. Luego de Maldonado llegamos a Punta Ballenas que es un accidente geográfico de referencia, seguimos a casa pueblo obra del escultor y pintor uruguayo Carlos Pérez Vilaro, un símbolo de la región turística, considerada como una escultura habitable. Afortunadamente estaba cerrada (eso le dije a Martha). Se puede pagar por pasar el día, por ver el atardecer o quedarse en una cómoda habitación, desde u$180 por noche.

Llegamos a Punta del Este con una tarde nublada, triste, con un frío horrible. Era claro que este famoso balneario en invierno era poco mas que un pueblo fantasma. Apenas si había tráfico. Hicimos el intento de quedarnos en un hotel, pero los precios producían mareos. Buscamos un hostal y el mas económico, ofrecía una tarifa de 100 dólares por noche. Ante ese desalentador panorama, decidimos recorrerla de noche para observar su iluminación, la rambla y sus avenidas principales. Luego nos estacionamos en ANCAP donde hicimos noche.

Como es nuestra costumbre, conversamos con el personal encargado quienes nos señalaron el sitio más seguro y tranquilo. Preparamos un delicioso cafecito doble que nos cayó como anillo al dedo. Sin embargo surgió esa sensación incómoda en la que nos preguntamos “que diablos hacemos aquí” teniendo la posibilidad de pagar un hotel con un buen fuego que nos abrigue. A pesar de maldecir bajito, se impuso este estilo de vida que habíamos adoptado voluntariamente.

Y es esa, precisamente la parte de los viajes que no se ven o no se cuentan. No todos los días son soleados y de sonrisas, o de logros y descubrimientos. Nosotros estábamos hoy “cagados” del frío en la ciudad más cara de América del Sur añorando nuestro cómodo departamento (apartamento) de 108 metros cuadrados. Pues la foto de hoy era opaca, sin brillo, envuelta en una sensación ambigua que derivó en un profundo y calientito sueño a bordo de la negrita.

En nuestra guía, leíamos lo siguiente: Donde el lujo y la naturaleza convergen Punta del Este es reconocido internacionalmente como uno de los principales balnearios de América y el más exclusivo de la región. Lujosas residencias de veraneo, altos edificios de apartamento frente al mar, enormes yates en el puerto, hoteles y restaurantes de lujo lo transforman en el balneario de mayor glamour de América.

Que contraste, verdad? Con mucho glamour, nos bajamos de la negrita y luego de preparar un desayuno “bien trancao” nos fuimos a conocer este balneario. Con poca visibilidad y mucho frío, así nos tocó vivirlo.

Esta ciudad se considera como el punto norte de la desembocadura del Río de la Plata en el Océano Atlántico. Sus playas se dividen en Mansa (lado oeste) y Brava (lado este). Playa Mansa está protegida por los vientos y corrientes procedentes del océano atlántico, incluyendo la Isla Gorriti, mientras que playa Brava es oceánica, por lo que tiene olas altas e impetuosas. Tenemos tan pocas fotos (contrario a lo que siempre pasa, que sacamos miles) y nos preguntamos el porqué. Ninguno quería sacar las manos del abrigo… brrrrrr

Recorrimos toda La Avenida Gorlero, punto inicial del desarrollo turístico de la zona. Con grandes edificios, modernas galerías comerciales, casinos, restaurantes y sitios de diversión, nos pareció muy agradable aunque no ostentoso. Bueno, lo único realmente ostentoso aquí, son los precios elevados, que inician por ejemplo, desde u$1.500 el metro cuadrado más modesto. De ahí, cada cual pone su límite según su entusiasmo, como la torre Trump que estaba en construcción durante nuestro paso. Todos los precios son en (millones) de dólares.

Visitamos el emblemático faro, situado en una zona bastante bonita, con casonas antiguas, debido a que fue aquí donde se fundó Punta del Este.

Las visitas solo operan el día del patrimonio, en Octubre, así que nos conformamos con caminar un poco por la zona, donde está la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, sencilla y bonita.

Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria
Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria

Esta iglesia fue construida en 1.941 y venera a la Virgen de la Candelaria cuya imagen llego desde España. Dejamos la negrita estacionada aprovechamos para caminar por la rambla hasta llegar al puerto, donde habían pescadores que muy organizadamente, vendían sus productos.

Nos fuimos luego a recorrer la Barra de Maldonado que era un pueblo de pescadores pero que debido a su popularidad, creció y tuvo como resultado la apertura de varios atractivos turísticos tales como sus playas y su vida nocturna en verano, donde está el muy conocido Puente Ondulado o Puente de la Barra, obra civil que fue realizada por Leonel Viera.

Este divertido puente está en la desembocadura del Arroyo de Maldonado y facilita la circulación hacia el balneario La Barra.

Finalmente visitamos el ícono de Punta del Este: La Mano, del artista chileno Mario Irrazábal, ubicada en la parada 1 de Playa Brava.

La obra expresa la presencia del hombre en la naturaleza o el hombre surgiendo a la vida.  Ya era la tercera vez que veíamos esta escultura de el mismo autor, una en Antofagasta y otra en Puerto Natales en chile.

Con la foto en la punta de Punta del Este, nos despedimos de esta bonita ciudad, sede de veraneo de miles de famosos y multimillonarios de todo el mundo y… nosotros 🙂

Muy pronto, una nueva y gélida historia de nuestro paso por tierras uruguayas.