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49. Una noche en las islas del Titicaca: para no olvidar.

Estar en Puno traduce la posibilidad de visitar las islas cercanas que están en este inmenso y bello lago. Tomamos un tour de dos días para visitar las turísticas islas de los Uros, dormir en la isla de Amantaní y visitar al días siguiente Taquilé. Un paquete que nos parece muy completo y por el que pagamos PEN 95 p.p.

Tomamos la embarcación en el puerto, que ofrece casi una aventura extrema porque hay que pasar de barca en barca, que aunque amarradas entre sí, con el continuo movimiento, invitan a un resbalón. Iniciamos el recorrido hacia Uros, a unos 20 minutos de Puno y que es la mayor atracción turística del Titicaca.

Al terminar de atravesar el canal plagado de totora, se abre el campo de visión y aparece una ciudad. Ya no es la pequeña atracción que esperábamos encontrar. Es un complejo de mas de 90 islas que han ido creciendo con el turismo. Estas pequeñas islas son construidas con la totora que crece en aguas poco profundas de el lago. La vida de sus habitantes está dedicada al trabajo para sus visitantes y entretejen los juncos que usan para hacer sus casas, barcos, artesanías y además son comestibles.

Los Uros son un grupo étnico pequeño que empezaron su existencia flotante hace siglos tratando de aislarse de los agresivos pueblos Collas e Incas y aún siguen sus tradiciones ancestrales. Pisar estas islas nos comunica una energía especial que no es fácil de describir, además de una emoción grande. Seguro que no es debido a una gran expectativa de la visita, sino la sencillez de su gente, descubrir que viven con tan poco y su gran sonrisa tan auténtica y franca, nos fascina.

Curiosamente, cada isla tiene su presidente y en esta, la isla Suma Kurmi (bello arco iris), nos recibieron Cesar y su familia. Son cuatro familias las que viven aquí de la manera mas sencilla y descomplicada que hemos visto. Conocimos el interior de sus casas así como los espacios y su forma de vida. En la casa de Sandra, quien está con su hijo Benjamín en la foto, vimos la extrema sencillez de su habitación. Son realmente personas con miradas transparentes y mucha ternura en sus ojos.

Nos ofrecieron un paseo en las balsas de totora por el que hay que pagar PEN 10 p.p. en un recorrido que toma alrededor de 20 minutos. Navegamos junto a un colegio instalado en una de sus islas y un isla baño, en la que usan la cal para evitar los malos olores, curiosidades que nos iban explicando a medida que íbamos avanzando.

Al llegar, una muy ilustrativa explicación acerca de la construcción de las islas, forma de vida y datos complementarios, como su alimentación con huevos de pato, muy común en la zona. Comen aves deshidratadas o carne Charqui, pescan Trucha, Pejerrey, Tilapia y el Pez Gato, endémico de la región. Lo demás lo traen desde tierra firme.

Las labores de cocina las realizan sobre una piedra plana y el fogón se alimenta de la totora como combustible natural. No se puede fumar en las islas por obvias razones pero si que permiten fumar en el techo de las embarcaciones turísticas.

Obtienen ingresos en la venta de sus bordados que venden a diario y hace parte de la visita que cada mujer tome a cargo una parte del grupo para brindar una atención personalizada que termina, casi sin excepción, en la venta de algún recuerdo. Una muy buena actitud comercial que para nada resulta molesta. Y es una comunidad rica en viva descomplicada con valores milenarios y auténticos que nos enseña un camino para imitar en nuestra aventura y en especial, a nuestras vidas.

[Tweet “¡Aprender viajando es vivir creciendo!”]  ¿Será un buen título para nuestro próximo libro?

Con una muy buena energía, continuamos nuestro recorrido por dos horas y treinta minutos hasta la isla Amantaní, donde pasaríamos la noche.

Es la segunda isla más grande del lago, con 4000 Aymaras, dedicados a la agricultura, actividad pecuaria, textil y ahora, una hacen parte de la cadena de valor del turismo experiencial.

Esta isla fue vendida por el rey Carlos V al español Pedro González de Tequilé. Desde ese momento la isla estuvo en manos de los gamonales españoles.  A comienzos de 1900 como consecuencia de la sequías los hacendados comenzaron a vender las tierras a los nativos y aproximadamente en 1950 los campesinos de Amantaní, habían adquirido la totalidad de la isla y han adoptado una organización basada en el parentesco y en la reciprocidad de el trabajo de la propiedad familiar de parcelas de tierra.

Tiene dos miradores naturales en la parte mas alta de la isla a 4130 msnm desde donde se puede apreciar la enorme majestuosidad de este lago y la agradable sensación de paz que produce vivir en un sitio a donde no ha llegado la energía eléctrica, no hay motores, solo existen caminos peatonales porque aún no hay vehículos y su gente es tan auténtica como la Muña, la Cantuta y la Patamuña, plantas que crecen en la zona.

En los miradores de su cumbre se encuentran restos arqueológicos de la cultura Tiahuanaco e Inca en los templos Pachatata que significa padre tierra y Pachamana, madre tierra que abren para celebración de ofrendas el 14 o 21 de enero y solo permiten entran a los Yatiris o Chamanes. Las mujeres no pueden entrar al templo. El resto del años sirven como observatorio para ver las estrellas y la cruz del sur.

La familia que nos asignaron para dormir nos recibió en el muelle y Olivia, una mujer joven nos guió hasta su vivienda, cuesta arriba. El aire es escaso a estas alturas y esta mujer acostumbrada a recorrer sus caminos, no nos daba tregua a nosotros ni a Andrea, nuestra compañera española que haría parte de la familia esta noche, además de unos simpáticos puneños. Luego de unos interminables 15 minutos de recorrer la empinada cuesta hasta la comunidad de Ocosuyo, llegamos a la casa y nos organizamos en la habitación.

Toda una experiencia vivir el turismo de esta manera y como parte de la casa, nos llevaron al comedor que queda dentro de la cocina y nos sirvieron el almuerzo. Sopa de Quinua, queso frito, tomates y cinco clases de diferente papas y de bebida, té de muña.

Nuestra anfitriona simula el papel de mamá de la casa y nos ofrece algo más de comer. Estábamos muy pesados luego de la enorme cantidad de harinas y salimos a relajarnos un poco, antes de ir a la cumbre a ver el atardecer sobre la isla.

Es difícil expresar lo que significa vivir en esta isla con su mágica sencillez. No había nada pero teníamos todo. La carga de los equipos electrónicas se iba consumiendo poco a poco y en ningún lado se puede encontrar un enchufe de manera que había que usarlos solo lo necesario. El frío confabulado con el viento hace que se hielen las manos. Afortunadamente ya vamos a iniciar la caminata hacia la cumbre.

Los caminos están perfectamente construidos en piedra lo que facilita el ascenso hacia Pachamama, aunque el cansancio se siente mucho más con cada paso. La altura empieza a hacer de las suyas y tenemos que parar de vez en cuando a reponer el aire con la excusa de una foto. Al llegar a la cima,  se puede sentir la soledad en medio de la multitud y la grandeza del sitio.

Somos muchos en este sitio pero te aseguro que estamos cada uno experimenta una deliciosa sensación de silencio y de paz. Yo lo definiría como uno de esos momentos que se cuelan en el alma, con una energía muy especial que hacen que el momento sea realmente especial e inolvidable.

En el descenso ya estaba oscuro y aprovechamos para ver la cruz del sur y otras estrellas que nos explicó nuestro guía. De vuelta a la casa nuestra “mamá” Olivia nos sirvió sopa de papas, verduras con huevo y arroz y té de muña. Es muy interesante la organización que tienen para el turismo vivencial en esta isla. Cada comunidad va rotando por días, de modo que siempre, las familias van a tener ingresos y así se evitan conflictos. Además los que no están con huéspedes ayudan a sus vecinos.

Para la noche se hacen fiestas típicas en un salón comunal y para ello nos vestimos con atuendos de la isla. Para la mujer es camisas bordada, faldones y mantos y para los hombres poncho y chullo. Salimos a la fiesta, que realmente es como integración de todos los que hacíamos turismo ese día, bailamos sus danzas típicas con la orquesta, está compuesta por miembros de la comunidad.

La animada música andina se prolongó por un par de horas y en los espacios de descanso pudimos disfrutar de una noche estrellada en medio de la oscuridad que supone estar en esta isla. Los mismos lugareños animan la fiesta y con sus danzas nos van contagiando con su ritmo. En el sitio hay un “bar” consistente en un estante con cervezas. El cansancio y el frío nos fue venciendo y mañana hay que madrugar, de modo iniciamos la escalada hacia nuestra casa y quedamos profundamente dormidos.

Al siguiente día nos levantamos como a las 5:30. No había ni un ruido, ni gallos, ni perros ni nada era un silencio absoluto y maravilloso. Contemplamos el amanecer que fue tan lindo como el anochecer.

Curiosamente no hay perros en esta isla. Olivia nos deja en la puerta una ponchera con agua caliente para el aseo, ya que en la ducha no hay agua caliente y bueno, con la baja temperatura de la madrugada, nos aseamos, vestimos y tomamos un desayuno con té de coca, café y tortas de harina para luego de despedirnos de nuestra familia y de nuestra compañera Andrea que se quedaría una noche mas, y salimos hacia el puerto. Que experiencia tan linda hemos vivido en una isla en medio del lago más grande del mundo. La sencillez y el afecto, los sonidos de un silencio especial sumado a los bellos paisajes, nos tienen maravillados. Que buen plan y un inolvidable recuerdo nos llevamos y partimos sobre las 8 de la mañana hacia Taquilé a la que llegamos luego de 50 minutos de recorrido.

Desde el puerto hasta la plaza principal hay que caminar una hora y media por un camino con subidas empinadas aunque la belleza del paisaje mitiga el cansancio.

Esta isla de forma alargada cuyo dueño fue Pedro González de Taquilé mantiene sus arraigadas tradiciones y tanto hombres como mujeres, van por lo general vestidos con sus trajes típicos. En esta isla tejen tanto los hombres como las mujeres. Cuando van a tener un hijo, los hombres tejen un gorro, Incaischullo de color marrón y rojo que lo usan hasta tener 8 años. Y de allí aprenden a tejer su propio gorro que es un chullo blanco y rojo que distingue al hombre soltero, cuando son mayorcitos y se van a vivir con su novia por 2 o 3 años antes de casarse, le quitan el pompón al chullo para que sepan que aunque están solteros no son libres de él todo.

Para la mujeres también hay vestimenta tradicional, las solteras llevan faldones de colores vivos y camisas rosadas y manto negro sin bordar y al final de sus trenzas se ponen unos pompones, que para las solteras son vistosos y de colores y en las casadas son de color negro. La isla Taquilé es famosa por sus tejidos y la Unesco declaró en el 2005 obra maestra de el patrimonio oral e inmaterial de la humanidad. La gente acá es más reservada y no le gusta que le tomen fotografías y lo que más llama la atención es que en su plaza de armas hay muchos hombres tejiendo.

Luego de salir del pueblo, fuimos a tomar el almuerzo. Una sopa de quinua y una deliciosa trucha luego de la cual, tomamos nuestra embarcación con destino a Puno. Viaje maravilloso que nos deja miles de sensaciones muy agradables.

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La noche en el hotel de Puno fue bastante mala. Estaba respirando muy mal y la asfixia me impedía conciliar el sueño, salvo cuando me sentaba y me dormía por momentos. Una mala señal que me preocupaba bastante y la verdad, me tenía angustiado. ¿Que podría hacer en una pequeña ciudad a orillas del lago Titicaca? Los miedos se instalaron en mi mente y claro, lo peor es la imaginación edificando angustiosas escenas, lo que se tradujo en la búsqueda de una solución. Una opción es tomar un vuelo hacia Colombia. No, mejor a calmarse. Esa era una mala opción. ¿Ir a urgencias? No voy en mi ciudad, menos en esta pequeña esquina del mundo. Pues nada, le dije a Martha que pidiéramos ayuda al seguro contratado por un año para este viaje. A través del chat nos atendieron la urgencia y luego de múltiples preguntas, nos enviaron un médico al hostal que llegó luego de 20 minutos. Hizo sus exámenes, tomó la presión, temperatura y oximetría y el diagnóstico apagó todas las alarmas que estaban encendidas. Según nos explica, el consumo de harinas en las islas sumado a la lenta digestión que tenemos los seres humanos en la altura, produce gas que oprime los pulmones que impiden que la respiración sea normal. Nada más. Ufffffffffff.

La aventura continúa. Hasta la próxima.

Esta entrada tiene 8 comentarios

  1. Cecilia- Humberto

    Estimados super viajeros, !que maravilla, de paseo, y que sitio tan bien presentado y documentado!.

    Los felicitamos de todo corazón y les deseamos descubrimientos sin fin,
    salud y mucha felicidad.

    1. felsego

      Hola Cecilia&Humberto! Muchas gracias por acompañarnos en esta aventura que nos sigue cambiando la vida. Un abrazo grande desde Chile

  2. Anónimo

    Me encantó y que bueno que fue un susto no mas y no pasó a mayores un beso

    1. felsego

      Gracias 🙂

  3. Claudia

    Nono, que historia tan maravillosa, que felicidad tan grande verlos disfrutar así. Afortunadamente ya anuncian libro.
    Besos a los dos y que el Señor los siga bendiciendo.

    1. felsego

      y ojalá salga ese proyecto con el que desde ya estamos ilusionados. Tantas cosas por contar y tanta vida por vivir. Un abrazo

  4. Samara Beltrán

    Un relato maravilloso Felipito, realmente el arte de escribir corre x tus venas, gran descripción de los hechos, paisajes, aventuras e historia d los lugares visitados, q afortunados d poderlos seguir a la distancia. Cuidado con esa alimentación,graciasaDios fue solo un susto. Un abrazo enorme para los dos, a Martica dile q las extrañamos mucho.

    1. felsego

      Muchas gracias Samarita. Es un trabajo conjunto con Martha que disfrutamos mucho más cuando sabemos que estás siguiendo nuestra ruta.
      Un abrazo grande 🙂

Comentarios cerrados.