En este momento estás viendo 57. Las misiones Jesuíticas. Una ruta inolvidable.

57. Las misiones Jesuíticas. Una ruta inolvidable.

La ruta hacia las misiones es bastante agradable y en excelentes condiciones. Hay una gran cantidad de plantaciones de sorgo y girasoles además de una zona industrial muy organizada a las afueras de Santa Cruz.

En un principio no estaba en nuestros planes realizar las misiones. En particular a mí, me parecía muy alejado y según nuestras lecturas, las vías en regular estado. Gracias a las recomendaciones que hemos recibido, decidimos aventurarnos por esta ruta, recorriendo los caminos que se muestran en la siguiente gráfica:

Estas misiones son las únicas que aún existen en pie en América del Sur. San José, Santa Ana, San Rafael, San Miguel, San Ignacio, Concepción y San Javier, son siete de las diez poblaciones que hasta hoy han podido preservar las construcciones misioneras. Fueron construidas entre 1691 y 1760 con un estilo barroco en la zona de la Chiquitanía boliviana que debe su nombre a la provincia de Chiquitos, llamada así por la baja estatura de los habitantes de estas zonas.

Nos impresiona la gran cantidad de camiones cargados con enormes troncos hacia el interior del Bolivia y con ello la deforestación de los inmensos bosques de la amazonía.

Nos hacemos la reflexión acerca de una vía tan agradable, verde, llena de vida y color, solo encontramos señales donde todo es prohibido: no cazar, prohibido hacer fogatas, no, no y…  no. Sería una suerte encontrar algunos que informaran que la vida es solo una, disfrútala. O alguna otra que advirtiera sobre la belleza que vendrá en los próximos kilómetros.

Las Misiones de Chiquitos fueron en su tiempo el principal asentamiento misionero de los Jesuítas en el nuevo mundo. La principal función era la de convertir las tribus nómadas en lo que se conocía como “asentamientos de indios convertidos”, en un intento por introducir a las poblaciones indígenas a una vida religiosa, cívica y artística. El concepto de “reducciones” que nos causa curiosidad, se explica como el cambio de la vida nómada de los indígenas.

Estas iglesias, restauradas en las décadas de los 70’s hasta las 90’s bajo la guía del arquitecto Hans Roth y luego Juan Carlos Ruiz, han podido recobrar su esplendor. Aparte de recobrar sus estructuras físicas, se han recobrado más de 5000 piezas musicales que se han convertido en la más grande colección de música barroca indígena de América del Sur. Actualmente, la restauración no solo de los templos, también de los pueblos es un esfuerzo colectivo que continua hasta el presente. Cada uno de los templos es actualmente el sitio donde el Festival de Música Barroca Renacentista de América se lleva a cabo y es considerado como el más importante del continente.

Misión de San Xavier

Con un clima entre 20 y 25 grados seguimos hacia San Xavier, reflexionando sobre la tenacidad de los jesuitas en su andar por nuestras tierras. Una gigantesca y difícil empresa, internarse en las profundidades de nuestra América para llevar el evangelio, hacer obras para el prójimo y mejorar las vidas de muchos de nuestros antepasados, dejando un extraordinario legado arquitectónico que afortunadamente no fue destruído luego de su expulsión de las colonias españolas. Hoy son pueblos vivos donde sus habitantes acuden a misa en majestuosas iglesias, donde se organiza una vez por año conciertos de música barroca como lo hacían los jesuitas siglos atrás.

La Compañía de Jesús, bajo el mando de Ignacio de Loyola y por mandato del papa Paulo III, emprendió a partir de marzo de 1540 la labor de fundar reducciones y evangelizar en las tierras del Nuevo Mundo así como la incursión y descubrimiento de nuevos dominios.

La Misión de San Francisco Xavier, primera misión jesuítica de Chiquitos fue fundada por José de Arce y el Antonio Ribas el 31 de diciembre de 1691; construida por misioneros, fue sede de una escuela de música y de un taller para la fabricación de instrumentos musicales. Está ubicada a 230 Km. de Santa Cruz de la Sierra en la Provincia Ñuflo de Chávez.

La atracción principal de San Javier es su iglesia de estilo barroco, construida por el padre Schmid entre 1749 y 1752, e íntegramente restaurada en 1987 y 1993 bajo la dirección del arquitecto suizo Hans Roth, invita a recorrerla y disfrutar de la belleza artística de su arquitectura con tallados ornamentales de columnas y dibujos en madera con tonos amarillo y café, tanto en interiores como exteriores del templo, proveyendo las características únicas Chiquitanas. La evangelización mediante el uso de la música renacentista y barroca tuvo gran acogida en la época y que se ha desarrollado consecutivamente hasta la actualidad, dejando un legado propio.

Bellas construcciones en el que se desataca el uso de la madera

Para conocerla se paga 20 bolivianos p.p. y accedimos al museo donde se puede apreciar toda la historia de las misiones. Es bien interesante y sirve de abrebocas para comprender mucho mejor esta ruta histórica. Tuvimos la suerte de encontrarnos a un sacerdote franciscano (orden religiosa que hoy se ocupa de los edificios jesuitas) quien nos enseñó la sacristía y nos hizo un recorrido por la iglesia.

Interior de San Xavier

Pasamos a la iglesia y se aprecia un enorme techo y dos filas de columnas salomónicas y todas son pintadas a igual que el techo el cual está lleno de ángeles, esto para dar a los indígenas la impresión de estar ya en el cielo.

El altar es nuevo y habla de la historia de San Xavier, presenta 4 cuadros muy bien tallados y pintados, los dos más altos la historia de San Xavier evangelizando y los dos inferiores muestran el martirio de San Pedro y San Pablo, el padre nos explicó cada cosa y luego nos dejó para que tomáramos las fotografías que quisiéramos. Mas tarde subimos al campanario de madera. Con los materiales de la zona se edificaron verdaderas obras de arte, donde la madera es sin duda, protagonista de primer orden.

Terminamos nuestra visita sobre el inicio de la tarde y decidimos seguir hacia Concepción donde nos indicaron que había una mejor oferta hotelera. En la ruta hicimos un alto para visitar las piedras del Paquío, una de las formaciones rocosas del macizo chiquitano.

Llegamos a Concepción y nos instalamos en el hotel La Pascana, de esos que tienen las 3b y nos fuimos a recorrer el pueblo y disfrutar de su bello atardecer.

Ya un poco más fresco en la noche, Concepción es un bello y pequeño pueblo que también tiene su misión. Este recorrido coincide con la visita del Santo Padre a Colombia y aprovechamos para encomendarlo en estas bellas iglesias jesuitas, orden del actual Papa Francisco.

Misión de Concepción

Concepción es la capital de la provincia Ñuflo de Chávez y está ubicada a 290 Km. al noreste de Santa Cruz de la Sierra. Fundada oficialmente en 1708, Concepción es parte del escudo Brasilero y su topografía es más o menos plana con solo unas cuantas serranías que se extienden desde el Estado de Matto Grosso, en Brasil. La iglesia jesuítica de estilo barroco de Concepción es considerada una joya de la región. La construcción del templo se realizó entre los años 1752 y 1753, bajo la supervisión del Padre Martin Schmid. Después de más de 200 años, la reconstrucción dirigida por Hans Roth en 1975.

Recorrimos en total desde Santa Cruz hasta aquí, 305 kilómetros pagamos dos peajes de BOL 14 y un permiso de circulación de 30 bolivianos. A propósito de ese permiso que emite el policía boliviana nos hizo reír hasta casi las lágrimas ya que se trata de un papel común en el que la policía como autoridad de un país soberano, otorga el permiso a los vehículos con patente extranjera para circular por sus vías nacionales. Claro, el anterior permiso que si es el legal y válido se obtiene en las fronteras, es desconocido por estas autoridades, que con la mayor seriedad nos explican que es indispensable y con este argumento, recaudan fondos para… no sabemos para qué, pero resulta anecdótico que sean las propias autoridades las que con su ejemplo, demuestren la poca o ninguna credibilidad que le otorgan sus concuidadanos y que seamos advertidos de sus continuos intentos de sacar dinero.

Luego de recorrer el pueblo, conocimos la laguna Zopoco que sirve como lugar de esparcimiento para sus habitantes.

Emprendimos nuestra ruta a San Ignacio de Velasco, la carretera hasta allí también está en muy buenas condiciones. Casi que la estábamos estrenando pues fue inaugurada a principios de 2017. Recorrimos 202 kilómetros y pagamos BOL 7 en peajes.

Misión San Ignacio

La historia de la iglesia de San Ignacio de Velasco, Catedral del Obispado de San Ignacio, es interesante, resistió al abandono y al deterioro causado por los agentes naturales hasta 1948, cuando se decidió derrumbarla y sustituirla con un “moderno” templo, terminado en 1968.

De su pasado jesuítico se conservaron sólo las obras que adornaban el interior. Hoy pudimos apreciar el altar original y algunas partes de la iglesia como el púlpito, tallado en cedro español y cubierto de pan de oro. Por estos motivos San Ignacio no se encuentra dentro de las seis poblaciones declaradas como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Las calles de San Ignacio de Velasco son anchas y tienen un color de tierra roja. La plaza está ubicada frente a la Iglesia y está rodeada de casas que aún mantienen las características de las construcciones Jesuíticas llevadas a cabo por los asentamientos de indios convertidos. Hay innumerables talleres de madera que junto con la actividad comercial, la industria maderera y la construcción, representan las principales actividades económicas.

Para el recorrido de el circuito misional de Santa Ana, San Rafael y San Miguel, lo ideal es quedarse en San Ignacio, ya que estos tres lugares no cuentan con muy buenos alojamientos.

Al finalizar este día aprovechamos para asistir a la eucaristía y al salir, comimos en uno de sus restaurantes y aprovechamos el bello atardecer.

Al siguiente día salimos rumbo a Santa Ana luego de tomar un rico desayuno en el mercado local. La carretera cambia de asfalto a ripio aunque con buenas condiciones. El paisaje es muy agradable con árboles secos que se entremezclan con otros verdes y frondosos con colores amarillo, morado y otros blancos. Con este sol radiante y en ruta, el mejor inicio de día.

El sello característico de los jesuitas es que hacen sus obras a la perfección, cuidando hasta el mas mínimo de sus detalles y enseñando con sus obras. La historia que se oculta detrás de la expulsión de las tierras de nuestra América del sur por parte de Carlos III en 1767 giran alrededor del apetito por los bienes de esta importante orden, existía un movimiento anti jesuita en España, además para justificar la deportación achacaban a los jesuitas haberse enriquecido enormemente en las misiones, haber intervenido en política contra los intereses de la Corona y hasta perseguir el asesinato de los reyes de Portugal y de Francia. Eran mentiras o, en el mejor de los casos, exageraciones para ocultar una respuesta aún más sencilla: se habían convertido en unos intrusos de su propia casa en tiempos convulsionados en el que la monarquía imponía sus criterios.

De buenas fuentes conocimos que los jesuitas animaban a los indígenas a exigir sus derechos contra los malos tratos de los españoles, reclamo apenas justo contra la desproporción de la fuerza y los abusos.  Esto sumado a movimientos anti jesuíticos en el viejo continente, terminó por paralizar esta obra evangelizadora en América y la misma España. Además, desde su origen, los jesuitas profesaron los tres votos normativos de la vida religiosa (obediencia, pobreza y castidad) y, además, un cuarto voto de obediencia absoluta al Papa, «circa misiones», que es el motivo, precisamente, de que los estados comenzaran a desconfiar de la orden a partir de la Ilustración pues pretendían obediencia a los reyes. Los bienes de la orden pasaron a manos del rey quien hizo lo que le pareció mas adecuado: ¡robárselos!

Santa Ana de Velasco es un pueblo muy pequeño. En el parque hay un centro de información donde nos indicaron que visitáramos al Viborón y que de paso entráramos a la casa de el señor Luis Rocha para que nos mostrara la iglesia. Se trata de la serpiente de piedra más grande del continente. Como gozamos con tantas historias que encuentran en lo mas simple y van escalando a proporciones galácticas y terminan siendo simplemente simpáticas.

Según la cosmovision de los pueblos amazónicos el origen de la raza humana se debe a que una gran madre serpiente llevo en su lomo a un gran grupo de gentes a través del río Amazonas de norte a sur y al final de el viaje la serpiente se convirtió en piedra y ese fue el lugar donde se fundó una civilización. Él Viboron es uno de los grandes monumentos que dejaron las civilizaciones antiguas de Santa Cruz.

Desde allí nos dirigimos hacia la iglesia para la visita.

Fue una de las últimas misiones Chiquitanas fundada en 1755, doce años antes de la expulsión de los Jesuitas. Los misioneros ya habían abandonado esta área cuando la comunidad indígena decidió construir la Iglesia. Por esta razón, la Iglesia tiene más características rurales y sus dimensiones son más pequeñas en comparación a las otras Iglesias. Es la que conserva de manera más auténtica los elementos locales y ofrece una experiencia de mucho encanto.

Iniciamos la visita con don Luis, un habitante del pequeño pueblo que está a cargo de este monumento, escuchando sus historias y las minuciosas explicaciones que nos da. En el coro ubicado en el segundo piso, está un órgano bastante antiguo pero aún en funcionamiento. Fuimos testigos de su hermoso sonido cuando nuestro guía ejecutó una pieza musical.

Como anécdota, su hijo está en Europa estudiando este instrumento, con una beca del gobierno español. Hasta hoy siguen la tradición musical iniciada por los jesuitas siglos atrás.

La iglesia por dentro es muy sencilla y sus columnas están en su gran mayoría marcadas con la fecha de su colocación o de su restauración, en la parte de el altar central y en sus laterales están forradas con mica un material cuyas minas están muy cerca de allí. Al final de la visita, don Luis pide que le dejemos una propina de acuerdo a lo que nos dicte el corazón. De san Ignacio a Santa Ana hay 41 kilómetros de recorrido sobre una vía sin asfaltar.

Continuamos a San Rafael, sobre una vía muy plana aunque bastante polvorienta. Esta fue la segunda misión Jesuítica establecida en las misiones chiquitinas, establecida en 1696 y ubicada en la ribera del rio Gaubys.

Misión de San Rafael

Su iglesia, cuyo techo fue construido en 1747 por Martín Schmidt, es uno de los más impresionantes de todas las misiones. Recientemente fue restaurada y aún preserva sus enormes pinturas en tela en la Sacristía y su moblaje tallado empotrado en las paredes. El púlpito esta revertido con mica plateada y la imagen de San Rafael. El altar también tiene una cobertura de mica color rosa. El techo, muy diferente de las otras iglesias misioneras, mantiene su construcción original utilizando la caña y la madera.

El parque principal está rodeado de casas que conservan el estilo colonial, pasajes hechos con troncos de madera tallada y una tranquilidad especial.

El recorrido de Santa Ana a San Rafael son 37 kilómetros. En este punto entendemos que la belleza que se forjó con tanto trabajo y sacrificio de los jesuitas y los indígenas, bien valió la pena. La madera torneada haciendo juegos con las decoraciones que aunque diferentes, conservan una misma expresión por estos territorios que vale y mucho, la pena conocer.

Desde aquí nos dirigimos hacia San Miguel al que llegamos después de 38 kilómetros sobre una carretera en iguales condiciones a las mencionadas anteriormente. Su plaza principal y el parque están en plena remodelación  y su iglesia hasta ahora, es la única que no está a nivel del piso y se accede por escalones.

Misión de San Miguel

La misión de San Miguel fue fundada en 1721 bajo el nombre de San Miguel Arcángel. Los jesuitas conquistaron y dominaron las tribus locales que adoraban al dios sol y a la diosa luna y tenían conocimientos de astronomía. También habían minas de oro en el área como los de Riñamema y Sa.

La población local es rica en tradiciones y leyendas populares preservando aún su cultura con poca influencia externa.

El templo de San Miguel, uno de los edificios más importantes en el pueblo, concluye su construcción en 1760 en la plaza principal que hoy esta siendo totalmente restaurada. Su altar es único, exhibiendo hojas doradas, su cielo raso y sus tallados. La mejor opción para conocer San Miguel es un paseo por el pueblo, el cual aún preserva sus casas originales construidas con barro, caña y techos de hojas de palmera. Se pueden visitar los talleres de artesanos talladores en madera en San Pablo y San Miguel  considerados como los mejores talladores de toda la Chiquitania.

Estando dentro de la iglesia salió su sacristán Carmelo que vino y nos contó parte de esta historia y adicionalmente nos dijo que los confesionarios que estaba al lado derecho de la iglesia eran los fundadores con más de cien años y los de la izquierda son los jóvenes y son una réplica exacta.

Carmelo espera con paciencia la llegada de turistas para obtener algún dinero para la manutención de este hermoso templo a través de propinas. ¡Excelente decisión haber tomado esta ruta! Estos bellos templos llenos de historia en pueblos tan bien conservados, nos han hecho pasar excelentes días de esta aventura.

Regresamos a San Ignacio recorriendo 40 kilómetros en donde pasaríamos la noche. Hay varias colonias de menonitas de origen alemán, con fisonomía claramente extranjera y costumbres propias. Es común verlos en sus carretas, siempre con overol de jean y sombreros los hombres y largos vestidos las mujeres. Son muy trabajadores y organizados y al parecer son dueños de numerosas hectáreas de tierra en Bolivia y otros países de América del Sur. Celebramos el día asistiendo a misa y luego a comer una deliciosa pizza en un local agradable de unos brasileños.

En este punto tuvimos que decidir si seguíamos la ruta de las misiones, porque nuestro siguiente punto San José de Chiquitos está a más de 200 kilómetros y la misión es en piedra. Esta es una de las enormes ventajas que ofrece viajar en carro porque puedes irte moviendo a tu antojo, más cuando la fecha de regreso no existe. Así que luego de conversarlo durante el desayuno en el mercado 31 de julio, decidimos completar la aventura conociendo este destino.

Llegamos a San José, una pequeña ciudad de Bolivia y capital de la provincia de Chiquitos, fundada también como un pueblo misión en 1698, fue habitada por los grupos indígenas Jamarós y Piñocas. Esté asentamiento fue ubicado cerca de las montañas de la Riquió y Santa Cruz la Vieja donde la capital cruceña fue originalmente fundada.

Misión de San José de Chiquitos

San José tiene el único templo totalmente construido en piedra mostrando un estilo típico de las Misiones de Paraguay y el norte de la Argentina. Construido en 1698, es un excelente ejemplo de la arquitectura hispana traída por los misioneros de la Compañía de Jesús. La población local, bajo la supervisión de los sacerdotes Jesuitas, realizaron la construcción de esta Iglesia.

Llegamos al hotel Villa Chiquitanía que lo habíamos ubicado por iOverlander que lo tenía referenciado en sus mapas y que ofrecía todas las comodidades para pasar unos días agradables. Armamos nuestra carpa grande y luego tomamos un baño en la piscina. Al rato, uno de los empleados nos informa que no es permitido acampar, solo para campers. Así que esa noche nos permitieron usar la carpa con la advertencia que no lo hiciéramos al día siguiente, que tomamos la opción de dormir a bordo de la negrita que había sido preparada. Pasamos una noche bastante regular por la gran cantidad de zancudos y mosquitos que hicieron casi imposible conciliar el sueño, además del calor, que nos obligó a bajar las ventanillas y ser presa fácil de esa hambrienta jauría de insectos.

En ese sitio estaba una simpática familia argentina que viene viajando desde hace dos años y hoy estacionan junto al hotel. Tuvimos interesantes charlas viajeras y recomendaciones de destinos, entre otras, el río de agua caliente.

Una de las atracciones turísticas de San José de Chiquitos, aparte de la Iglesia, es el Parque Nacional Histórico “Santa Cruz La Vieja”. Declarado Parque Nacional Histórico el 22 de febrero de 1989, comprende la zona donde se ubican las ruinas del primer asentamiento de Santa Cruz de la Sierra, fundada por el capitán español Ñuflo de Cháves un 26 de febrero de 1561 (Santa Cruz de la Sierra fue trasladado en el año 1592 a su lugar presente, 250 kilómetros al oeste).

Parque Nacional Histórico “Santa Cruz La Vieja” y el Capitán Ñuflo de Chávez

En este sitio se conserva el trazado original de la ciudad, que llegó a tener cerca de treinta y dos manzanas en forma de damero y en el centro una plaza de armas donde se conservan partes de la base del templo y también hay una réplica de la cruz original que plantó el capitán que bautizó a este suelo con el nombre de su ciudad natal.

Parque Nacional Histórico “Santa Cruz La Vieja”

Continuamos conociendo el mirador de Ñuflo que a parte de su valor histórico – arqueológico lo forman lo que se denomina el bloque de serranías chiquitinas, con el valle de la luna, son unas formaciones rocosas maravillosas en este mismo parque. Allí está un viacrucis que recorrimos hasta su final donde se encuentra la virgen de la Asunta.

En el pueblo abundan las expresiones artísticas, como en la imagen, una de las calles cercanas al parque principal.

En la tarde aprovechamos para tomar un baño refrescante en las aguas heladas de la piscina y luego de conversar con nuestros amigos argentinos con sus acertadas recomendaciones decidimos salir del hotel y seguir a bordo de la negrita, esta vez afuera y gratis, la cual sería una experiencia nueva en nuestra aventura. Eso de ahorrar seguro que también es un tema serio en esto de ser viajeros y Lucas y Aylen con sus experiencias nos motivaron a tomar la iniciativa. Tratamos de encontrar una tela que nos sirviera de mosquitero para dejar entrar el aire sin que pudieran los zancudos, pero sin ningún resultado.

En la noche, luego de conversar con el simpático dueño de una estación de servicio en San José, nos permitieron estacionarnos y usar los baños al día siguiente. Confesamos que fue la peor noche hasta ahora. El calor nos obligó a bajar un poco los vidrios y desde ahí, fue imposible dormir. Creo que la voz se corrió por el pueblo y estos bichos asesinos nos atacaron con todo éxito. Sobre las 4 am y ya con algo de desesperación por el sueño intermitente, iniciamos nuestro recorrido hacia Aguas Calientes.

El imponente y extraño río de Aguas Calientes.

Aguas Calientes es una de las comunidades mas grandes en el municipio de Roboré, a 32 kilómetros de distancia sobre la carretera bio oceánica que une Brasil con Bolivia. La principal atracción es el río de agua caliente.

Momento. ¿Río de agua caliente? ¡Sí! Y además tienes peces. Este paisaje con el entorno, completamente nuevo para nosotros, nos deslumbró. En el balneario Los Hervores hay agua entre 40 y 45 grados celsuis que brota de el lecho del río en sitios arenosos donde además, nos hundimos en la arena. Esa sensación que la arena nos está tragando hasta llegar al nivel de la cintura es agradable, extraña y nos encantó. Es un delicioso masaje en medio de una naturaleza casi virgen.

Estas agua poseen propiedades medicinales dada la concentración de minerales. Es un sitio abierto al público donde se paga una entrada de BOL 10 p.p. por 12 horas de estadía y se paga aparte el uso de los sanitarios y la ducha. Para organizar la carpa tienen sitios muy agradables y cómodos. Tal es el encanto que nos causa, que íbamos solo a conocerlo y terminamos quedándonos tres días.

Conocimos a Alberto y Gloria una simpática pareja de españoles viajando en su carro casa hace 7 meses, con los compartimos una noche. Sin duda es una visita de las interesantes por los extraño del paisaje para nuestros ojos y que enriquece nuestra experiencia por tierras Bolivianas.

Nuestra selección de las mejores fotos de estos sitios, puedes verlas en Flickr. Arte, arquitectura y mucho más.

IMG_6097

Esperamos que esta historia te halla gustada tanto como a nosotros vivirla. Hasta la próxima.

Esta entrada tiene 11 comentarios

  1. Anónimo

    ME EMOCIONA SUS EMOCIONES AL RECORRER ESTA RUTA Y ADMIRAR QUE AUN QUEDAN LOS VESTIGIOS DE LAS MISIONES DE LOS JESUITAS… que orgullosos ostentan los pobladores de Dios en la Chiquitania… para el deleite del viajero que busca ese algo que sabe que le hará sentir ese algo mas serca de su creador…
    SI NO RECORRIÓ ESTA RUTA…. no lo entenderá … Atte Jesu(s)

    1. felsego

      Esa fue una de las mejores rutas en esta aventura. De lo mejor 🙂

  2. Katy Ardaya

    Estoy terminando de cubrir esa ruta, realmente extraordinara. Ademas de todo lo anotado es importante adicionar que hay muchas comunidades indigenas que viven cultivando su cultura ancestral y que son pueblos de artistas y artesanos, cada poblacion tiene su orquesta y coro, asistir a una misa es toda una experiencia musical. Luego hay grupos de pintores, talladores, tejedores, bordadores, alfareros, en fin, y lo mejor de todo, el sincretismo religioso y cultural existente. Hacen dos dias estuvimos en san javier en la fiesta del dios piyo (ñandu o avestruz americano) que se fusionaba con los santos pedro y pablo, una maravilla los yarituses

    1. felsego

      Hola Katy. Realmente impresiona esta ruta, que además de su belleza, tiene el entramado cultural al que te refieres. Como anotamos en nuestra entrada, aún siguen estudiando música y su aprecio lo contagian a los que visitamos estas tierras. Nos alegra que hallas tenido esa experiencia que a nosotros nos cautivó.
      Un abrazo

  3. Anónimo

    ME ENCANTO EL RECORRIDO POR TODAS LAS IGLESIAS JESUITAS, PRECIOSAS TODAS Y LUEGO TERMINAR EN ESE RIO CALIENTE QUE RICO , SE ANTOJA ESTAR AHI DESCANSANDO. UN ABRAZO

    1. felsego

      De lo mejor! Muchas gracias 🙂

  4. Juliette y Santiago

    Nos encantó cómo describen las experiencias.
    Y nos animan a tomar una decisión en nuestras vidas.
    Bendiciones y saludos desde Chile

    1. felsego

      Hola amigos. Anímense! El tiempo no se repone, el dinero, si.
      Un abrazo

  5. Anónimo

    Martha & Felipe, excelente información del recorrido Jesuita, sus fotos de estos lugares y sobre todo la anécdota de haber dormido en la negrita con la visita de muchos bichos, noche que nunca olvidarán pa lante y nuestro creador los seguirá guiando hasta su destino final un abrazo.

    1. felsego

      Esa ruta ha sido una de las mejores! Y malas noches tambien las hemos pasado en buenos hoteles, jajaja. Muchas gracias por el saludo y un gran abrazo

Comentarios cerrados.