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61. La ciudad imperial de Potosí

“Si yo te hubiera de pagar, Sancho -respondió don Quijote-, conforme lo que merece la grandeza y calidad de este remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote”.

Salimos desde Sucre temprano, como es nuestra costumbre, porque preferimos no conducir en las noches. La carretera es bien agradable y el bello puente Antonio José de Sucre también conocido como puente Arce, está sobre el río Pilcomayo (en Quechua, río de los pájaros) que es el límite entre Chuquisaca y Potosí.

Hicimos una corta parada para apreciar su bonita arquitectura neogótica según nuestras lecturas y que en su momento sirvió para unir los dos departamentos, siendo hoy una atracción turística para los que por allí transitamos.

En total recorrimos 162 kilómetros y pagamos BOL 8 en peajes. La llegada a la villa imperial se hace por subidas y bajadas pronunciadas y cuando ves Cerro Rico ya te sabe la historia, llegan los recuerdos de lecturas que relataban la explotación forzada de la plata y que aún hoy, este cerro sigue entregando a sus mineros, metales preciosos. Esta es nuestra primera visita, en una fresca tarde de sábado en esta población que apenas alcanza los 200.000 habitantes. Recorrer sus calles nos lanza la primera impresión de riqueza. Las iglesias, casas patrimoniales y arquitectura, son apenas un pequeño trozo de lo que estamos por conocer.

Vista de Potosí desde la entrada a la mina.

Para el ingreso se toma un micro en la plaza principal hasta llegar a una tienda donde se compran regalos para los mineros, como alcohol potable de 95 grados (brindamos con nuestro grupo), hojas de coca para combatir el apunamiento, unos metros de cordón detonante y bebida. mas adelante paramos a “vestirnos” adecuadamente para nuestro ingreso a las minas, además de comprar un pañuelo para protegernos del polvo que producen las excavaciones. Las simpáticas explicaciones de nuestro guía, un ex-minero dedicado ahora al turismo, nos ilustra acerca de las creencias y tradiciones de los mineros bolivianos.

La entrada se hace por una estrecha puerta apuntalada con maderas y caminando sobre los rieles por sobre los que viajan los vagones que transportan el material. Adivinamos por lo visto hasta ahora, las difíciles condiciones de trabajo de estos valientes mineros, en su gran mayoría jóvenes, que encuentran una oportunidad de hacer dinero rápidamente aunque comprometan su salud. La primera parada dentro de la cueva, es en el Tío.

El Tío.

Con el misticismo propio de un minero, este personaje es mucho mas que una simple deidad. Es el dios del infra-mundo que ofrece protección para los mineros que sin excepción, hacen sus ofrendas cada vez que entran porque de no hacerlo, este pequeño demonio toma venganza con ruina y destrucción. Le ofrecen hojas de coca, cigarros y alcohol, como se ve en la foto y se lo toman bastante en serio. Es el dueño de las riquezas minerales y en realidad se trata de una imposición de la colonia que aprovechando la superstición de los indígenas  bolivianos de la época, crearon un demonio para convencerlos de trabajar larguísimas jornadas, aunque ahora la tradición se mantiene.

Seguimos nuestro camino adentrándonos por más pasillos hasta encontrarnos con “TataKac’cha” : que nada más ni nada menos una cruz ( la cruz de los católicos) a esta se dirigen a pedirle cuando el minero entra enojado o con problemas que le impiden estar concentrados en su seguridad y la de su grupo. Su función principal es que trabajen tranquilos y también realizan ofrendas.

Atraviesan varias veces junto a nosotros, vagones que cargan hasta dos toneladas y que son empujados por los mineros hasta la salida. Otro icono bien importante para el minero es “la pacha mama” es la que les ayuda a escuchar la tierra, los protege de los accidentes dice que el que no escucha a la pacha mama sí que va a tener problemas. Caminamos por el interior de la mina, también bajamos y subimos endebles escaleras de madera para visitar los mineros que estaban trabajando y allí junto con otro grupo de visitantes compartimos unos tragos con los mineros, para mas tarde, disponernos a salir después de caminar dos horas. La experiencia que se vive entrando a este lugar es agridulce. Por un lado una experiencia fascinante, única y difícil de olvidar y por otro lado, es muy duro comprobar que hoy día hay muchas personas que viven y trabajan  en condiciones infrahumanas.

Pero especialmente nos quedará en el recuerdo que aún hoy día, tienen tanto valor unas creencias tan antiguas que sobrepasan nuestra lógica, en especial, cuando entendemos que los niveles de oxígenos son peligrosamente bajos. De regreso apreciamos la montaña casi perfecta como dibujada esmeradamente por un niño que se ve desde cualquier punto de la ciudad. La mayor mina de plata de América del Sur, que aún hoy despues de casi 500 años sigue ofreciendo sus riquezas a quienes se aventuran por sus entrañas. Tiene 460 minas nuevas y antiguas y la principal fuente de ingresos de Potosí proviene de la explotación minera con más de 50 cooperativas que trabajan aquí. Este rico cerro vivió su época de oro entre 1545 y principios de 1700. Con la plata que obtuvieron de sus entrañas se levantaron bellas iglesias barrocas, mansiones, casonas, teatros y salones de baile.

Es una visita de una tarde completa y por el que pagamos BOL 100 p.p. más regalos y propinas. Por ese dinero puedes confirmar la miserable vida de un minero que por unos U$200  mensuales, entrega su vida muy joven en las minas y es el mayor atractivo turístico de su pasado glorioso, hoy patrimonio de la humanidad. Es una contradicción que un sitio tan rico halla generado la pobreza de sus habitantes.

Vista de Cerro Rico

Vivir la noche en el centro de Potosí con sus construcciones, es de lo mejor. La plaza de armas, la catedral y sus alrededores se confabulan para traer a nuestras mentes el sufrimiento de los indígenas sometidos a los padecimientos de la explotación de su riqueza y que en nada favoreció el desarrollo de esta población de los andes.

La catedral de Potosí, siempre cerrada durante nuestros días de visita.

Para cerrar el día tenemos la suerte de asistir al festival de la Cueca Boliviana, una actividad donde apreciamos los trajes típicos de las 9 regiones de Bolivia, con mucho colorido.

Para complementar la visita a las minas es indispensable conocer La casa museo de la Moneda ubicada junto a la plaza principal. La visita se realiza a través de salas llenas de maquetas, monedas y diversos artefactos, es un recorrido por la historia de hasta ahora olvidada Villa imperial que antes fue una de las ciudades más pobladas e importantes del mundo.

Esta es una visita imprescindible para comprender el importante papel que esta ciudad de Bolivia desempeño en la historia, no sólo de América, sino de todo el mundo occidental tal cual lo conocemos y es que en sus instalaciones, y con el trabajo de miles de indígenas y esclavos llevados de África se acuñaron las monedas de plata, extraídas del Cerro Rico, que posibilitaron el crecimiento y la riqueza de Europa.

Salones de Numismática

Las historias de cada trabajo relatadas por nuestra guía es sobrecogedora. Miles de personas morían jóvenes en sus puestos de trabajo debido a las condiciones extremas de calor, humo y riesgos físicos.

Iglesia dentro de la casa de la moneda.
Salones de platería

El edificio que se visita hoy día no es la casa original.  La primera fundada en 1572, tras más de dos siglos de trabajo se quedó pequeña para las reformas que la casa real española consideraba necesarias para realizar el comercio de la plata de Potosí.  Por este motivo se ordenó construir la nueva casa de la moneda, de enormes dimensiones que se conserva hasta hoy. La casa cuenta con 5 patios, varias salas de cuadros con pinturas del siglo XVII hasta el siglo XX. La entrada al museo cuesta 50 bolivianos por persona y si uno desea tomar fotos debe pagar 10 bolivianos más.

La fuente central y el dios Baco.

A a salida está el dios Baco con su cara dividida por una sonrisa en una mitad y el sarcasmo en la otra, dando lugar a diversas y curiosas interpretaciones. Visitar la plaza de armas es estar en el mismo corazón de Potosí y pasamos un buen rato en ella.

Réplica de la estatua de la libertad donada por los estados Unidos.

Luego pasamos a la Torre de la Compañía, es uno de los símbolos de la ciudad, se trata de un convento en piedra de estilo mestizo, fue edificado como un arco de el triunfo con 5 aberturas y 32 columnas salomónicas y 3 cúpulas de media naranja, en su interior hoy día funciona el centro de información turística y desde su parte alta se puede tener las mejores vistas de Potosí. La subida a la torre cuesta 10 bolivianos por persona.

Un sitio desde donde pudimos apreciar los referentes de la ciudad y su bella arquitectura. Es un deleite para tomar fotografías. muy recomendable visita.

Mas alejada de la plaza, conocimos la iglesia de San Benito que tiene una forma de una gran cruz blanca y en sus techos se distinguen 6 cúpulas que dan cuenta de la influencia morisca en la arquitectura colonial. No la pudimos conocer por dentro pues estaba cerrada y aprovechamos para tomar un buen descanso con la brisa fresca que corre por el sitio.

De regreso nos sorprendió una procesión religiosa muy concurrida. Llevan en andas a la Virgen de las Mercedes a visitar a la Virgen del Rosario en la parroquia de Santo Domingo y luego al de San Francisco a visitar al patrono de Potosí. Otra de esas suertes, porque es un evento que se realiza anualmente y por estas fechas, de manera que decidimos incorporarnos a la procesión, conocer el interior de sus bellas iglesias, acompañar el fervor de los potosinos y aprovechar para orar.

La Virgen de las Mercedes adornada con un decenario en plata muy grande y muy bello generando demoras en el tránsito por los cables que obstruían su paso. Quienes cargaban ese enorme peso descansan de tanto en tanto y se relevan para soportar el largo camino que están recorriendo.

Iglesia de San Francisco con el patrono de Potosí

En cada iglesia se hace un recibimiento con honores y en homenaje a La Virgen se rezan sus oraciones y al llegar a la iglesia de San Francisco conocimos el altar mayor con el Cristo de la Vera Cruz, patrono de Potosí. El sacerdote encargado, un anciano franciscano estaba visiblemente emocionado por este acontecimiento y con su fervor, nos emocionó a todos de modo que esperamos para obtener su bendición para nuestro viaje. Con un abrazo cariñoso nos despedimos de esta celebración. Tenemos esta oportunidad de combinar la aventura con una peregrinación religiosa por las antiguas iglesias de la época colonial.

Aprovechamos para arreglar la cerradura de la puerta trasera de la negrita y un cable del equipo de sonido, dado que en Bolivia los precios son bastante más cómodos. Luego seguimos hacia el ojo del inca a tan solo media hora de Potosí.

Es agua termal con una circunferencia casi perfecta de unos 100 metros lo que le da el aspecto de un ojo y dice la leyenda que allí solían bañarse Tupac Amaru y otros incas y por eso se ganó el nombre de baños del inca. El lugar está cerrado porque se han producido varios accidentes mortales, dado que el lago tiene una corriente que lleva hacia el fondo que es por donde salen sus aguas.

Como de costumbre, te dejamos la selección de nuestras mejores fotos en Flickr. Hasta la próxima.

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Esta entrada tiene 8 comentarios

  1. Anónimo

    MUY LINDO TODO SUERTE

    1. felsego

      Gracias! Saludos

  2. María Eugenia Jaramillo

    Qué buen recorrido cada vez los envidio más, es el sueño que hubiera querido realizar, un abrazo y sigan disfrutando.

    1. felsego

      Aún estás a tiempo 🙂

  3. NestoRaul

    Vale un potosí esta crónica. Muy buena!!!!

    1. felsego

      Muchas gracias 🙂

  4. Julian Cuartas

    Lo del tío lo siguen usando o es un relato turístico

    1. felsego

      Hola Julian. Es una convicción plena hasta el día de hoy que además sirve como marco de referencia dentro del recorrido turístico.

Comentarios cerrados.