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Explorando el Encanto de Casanare: Un Viaje Inolvidable a la Tierra de la Llanura y la Tradición

Casanare, una región en el corazón de Colombia, se revela como un tesoro oculto, cautivando a parceros con sus vastas llanuras, ríos serpenteantes y una rica herencia cultural. Nuestra experiencia en este rincón encantador no solo fue un viaje físico, sino también un viaje a través del tiempo y la autenticidad de una tierra que respira vida y tradición.

El viaje comenzó en Aguazul , con la inmensidad de las llanuras, donde el horizonte parecía extenderse hasta el infinito. Los extensos campos de llano, salpicados de palmas y ganado, creaban una vista panorámica impresionante. El cielo abierto y la brisa suave añadían una sensación de libertad que se experimenta raramente en otros lugares.

Yopal, la capital de Casanare, fue una parada muy poca, pues las grandes ciudades no son nuestro fuerte.
Una de las joyas de Casanare es el río Meta, especialmente en Orocue, que serpentea a través de la llanura. Navegar por sus aguas tranquilas proporcionó una perspectiva única de la vida en la región, con avistamientos de aves exóticas y la oportunidad de conocer las comunidades ribereñas que dependen de este río para su sustento. realmente estuvimos 6 días y nos empapamos de las maravillas de Orocue y sus alrededores.

Históricamente, Casanare ha sido testigo de eventos que han dejado una huella imborrable en la historia de Colombia. La Batalla de Boyacá, librada en su territorio en 1819, marcó un hito crucial en la lucha por la independencia del país. Las vastas llanuras de Casanare se convirtieron en el escenario de hazañas heroicas que contribuyeron a la gesta libertadora liderada por Simón Bolívar.

Pore fue también el escenario en donde se encontraron las tropas de Bolívar con las de Santander para dirigirse hacia el puente de Boyacá, donde se logró el triunfo en la batalla decisiva por la libertad.

La santa patrona de Paz de Ariporo es Nuestra Señora de los Dolores de Manare; se dice que su nombre se debe a que en la montaña Manare una india estaba en el río recogiendo agua cuando la santa patrona se apareció y pido que todos viniesen; sin embargo, existen otras versiones.

Continuamos nuestro recorrido hacia Tauramena, donde la cultura llanera se vive con pasión. Este municipio es cuna de destacados intérpretes de joropo y lugar de encuentro para los amantes de la música y la danza. Tauramena es la prueba viva de que la cultura es el hilo que une a los habitantes de Casanare.  Alli estuvimos en la Casa de la Familia Cano que nos invito y nos compartieron una gran Mamona.  La fiesta continuaba con un festín de sabores llaneros. El aroma de la carne asada en parrillas improvisadas invitaba a todos a disfrutar de la gastronomía local. La mamona se convertía no solo en un espectáculo de destreza, sino también en una excusa perfecta para compartir en comunidad.

Finalizamos nuestro viaje en Maní, testigo silencioso de los episodios históricos que forjaron la independencia de Colombia. Sus calles empedradas y la majestuosidad de la Iglesia de San Juan Bautista transportan a los visitantes a tiempos pasados. Maní respira historia, y sus monumentos son guardianes de un legado que merece ser recordado.

Casanare no solo nos brindó paisajes espectaculares y tradiciones vibrantes, sino también una conexión auténtica con la esencia misma de Colombia. La comida regional, con platos como el “mamona”, reflejaba la mezcla de sabores que caracteriza la culinaria colombiana.

La majestuosidad de sus llanuras, la vitalidad de sus ríos y la autenticidad de sus tradiciones se combinaron para crear una experiencia inolvidable. Se reveló como un destino que no solo encanta los sentidos, sino que también deja una huella profunda en el alma de aquellos que tienen la fortuna de descubrirlo.

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