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PROVINCIA DEL OCCIDENTE

La Provincia de Occidente es una de las 15 Provincias de Boyacá (Colombia), uno de los lugares de renombre es la Basílica de Chiquinquirá en donde alberga la imagen de la patrona de Colombia, la Virgen del Rosario. Otros municipios son: Caldas, Chiquinquirá, Maripi, Muzo, Otanche, Pauna, San Pablo de Borbu.

 

Chiquinquirá.

 

Nuestro viaje a Chiquinquirá fue una combinación de espiritualidad, historia, cultura y naturaleza. Recomendamos este destino a aquellos que buscan una experiencia única que va más allá del turismo convencional.

Chiquinquirá es, sin duda, uno de los municipios más representativos del fervor religioso que ha caracterizado siempre al pueblo boyacense. No en vano se le conoce hoy como: “Ciudad Mariana” y “Capital Religiosa de Colombia”. El pasado indígena define a Chiquinquirá con el nombre del cacique gobernador de estas tierras, cuyo significado en lengua muisca traduce: Tierras de nieblas y pantanos.

Es de destacar que fue cuna de poetas y artistas como Julio Flórez y Rómulo Rozo, por lo que también es llamada la “Atenas Boyacense”.

También está la Iglesia de la Renovación: lugar de renovación del lienzo de la virgen en 1586; el parque Juan Pablo II, construido en 1986 con motivo de la visita del Papa; la Estación del Ferrocarril conocida como Palacio de la Cultura Rómulo Rozo; Puente de la Balsa, lugar de la época colonial que unía a Chiquinquirá con el resto del país y que sirvió como ruta de los Comuneros; el monumento a María Ramos, mujer que presenció el milagro de la renovación del lienzo; y la vía que exhibe una galería con los bustos de los poetas y artistas de la región.

 

 

 

Para nosotros lo representativo de Chiquinquirá es que es la entrada a la provincia de occidente y ruta para llegar a Muzo.  Y en este recorrido después de haber pasado muchas veces por Chiquinquirá  ahora si ahondamos y disfrutamos la basílica. La basílica, con su arquitectura impresionante y su ambiente sereno, albergaba la famosa imagen de la Virgen del Rosario, objeto de devoción y peregrinación. La historia detrás de la imagen y la leyenda de los milagros asociados crearon una conexión espiritual única durante nuestra visita.

Seguimos en ruta y continuamos a Muzo decidimos irnos por la vía a Maripi

La ruta serpenteante y angosta se adentra en un paisaje montañoso, donde la topografía desafiante ha creado una senda que solo los vehículos todo terreno pueden abordar con éxito. El camino comienza descendiendo abruptamente por colinas cubiertas de vegetación exuberante, con curvas pronunciadas que requieren una habilidad precisa al volante.

Llegamos  a Maripi.

El municipio se encuentra ubicado en la ladera oeste de la cordillera Oriental, en su declinación por la cuenca del río Minero hacia el valle del río Magdalena, la topografía del territorio es de tipo quebrado. 

La preservación de estos pueblos sin gracia no radica en su transformación en destinos turísticos de moda, sino en el reconocimiento de su singularidad y en la valoración de la autenticidad que aportan al paisaje cultural. Mientras que algunos lugares pueden deslumbrar con su esplendor visual, estos pueblos, humildes y sencillos, tejen una red invisible de tradiciones y modos de vida que merece ser apreciada.  La producción industrial del municipio se restringe a la elaboración de panela y miel a partir de la caña de azúcar.  Pasamos por la iglesia de la candelaria de maripi y totalmente cerrada.

Hemos pasado unos 42 kilometros desde Chiquinquira pero la carretera es muy difícil. Y continuamos Muzo.

La estrechez del camino se destaca, con apenas espacio para un vehículo en algunos tramos. Las laderas empinadas caen a un lado, mientras que el otro lado está marcado por imponentes paredes rocosas. La superficie del camino, rugosa y desigual, presenta obstáculos como rocas sueltas y ramas que requieren una tracción robusta y una suspensión resistente.

 

Llegamos por fin a Muzo

 

Conocido como “capital mundial de la esmeralda” El municipio es conocido por sus yacimientos esmeraldíferos. Se a 90 km de Chiquinquirá la capital de la provincia.

 

Muzo fue uno de los núcleos de lo que se conocería en los años 80, en el país, como la “bonanza esmeraldera”. Miles de personas, provenientes de muchos partes, llegaron a este territorio con la esperanza de encontrar una veta (término minero que describe un depósito importante de algún mineral) de esmeraldas que los sacara de la pobreza. Esto por supuesto no sucedió o, por lo menos, no con la gran mayoría de buscadores del mineral verde. Hoy en día, a Muzo, se le considera como la “capital mundial de la esmeralda”. Distinción que, con creces, sus pobladores han querido explotar en aspectos más relacionados con el impulso del turismo. Aunque la extracción del mineral sigue siendo la principal actividad económica, los cultivos de yuca, cacao, café y caña también son notables.

Persiste en nuestra memoria la compleja situación que afectó a la zona en años anteriores, manteniéndonos alejados de explorarla debido a los riesgos que implicaba. Sin embargo, la vida viajera desmitifica conceptos y, con las recomendaciones recibidas, comprendemos que esta región está actualmente orientada hacia el turismo, apostando por una nueva realidad económica que va más allá de las viejas percepciones.

Muzo se encuentra inmerso en un fascinante telar de mitos y leyendas asociados al grupo indígena Los Muzos, valientes guerreros de esta región. Según los relatos españoles, eran descritos como bárbaros y devotos del dios Are, a quien consideraban su creador. A lo largo de la historia, se realizaron varios intentos para someterlos, siendo Pedro Orsúa quien fundó en 1555 un asentamiento llamado Tudela, el cual fue destruido por los Muzos, quienes opusieron una resistencia feroz. No fue sino hasta 1559, cuando Luis Lancheros fundó la Villa de la Santísima Trinidad de los Muzos, convirtiéndose en el único pueblo fundado por un español en esta región occidental del departamento.

Les extendemos una cálida invitación para que descubramos y exploremos estas tierras, que guardan en lo más profundo de sus montañas, las esmeraldas más hermosas del planeta, junto con su rica gastronomía, su hospitalaria gente y las fascinantes historias que las acompañan.

Muzo reúne personas provenientes de muchas partes de Colombia, que llegan con la esperanza de enguacarse, es decir, encontrar una esmeralda valiosa que los saque de su pobreza, aunque esa suerte le toca a tan solo unos pocos de ellos. Aunque la extracción de esmeraldas sigue siendo su principal actividad económica, los cultivos de yuca, café cacao y caña, son abundantes. Hoy, también le apuesta a los atractivos turísticos, como el parque principal, la parroquia nuestra señora de La Naval, experiencias mineras como el túnel temático la Esperanza, una infaltable visita para experimentar la voladora, donde cientos de personas se dedicar a relavar la tierra en el río minero, visitar sus afamadas artesanías, disfrutar de buenos sitios de alojamiento, como el alojamiento rural San Benito. Visitar el museo internacional de la esmeralda y realizar un tour histórico, es entre otras, las actividades que vamos a descubrir en este lugar, además de visitar las poblaciones vecinas, como Otanche, Borbour con los cerros Fura y Tena.

 

La calurosas, polvorientas y estrechas calles de Muzo se encuentran atestadas de pequeños comercios invadidas por camionetas 4×4 de alta gama ideales para este tipo de caminos y motos, muchas motos que se entremezclan en el caótico tránsito del centro. No es un pueblo bonito, aunque las obras de adecuación, junto con las esculturas y pinturas, le están dando una cara mas amable al turismo que sigue creciendo.

Muzo tiene una rica historia que se contrapone a cada una de las miles de historias de la gente local y los cientos de personas venidos de todas partes de Colombia, a probar la suerte con las esmeraldas, caprichosas y sabias, quizás porque guardan secretos que confiesan a tan solo unos pocos escogidos.

 

Abandonamos el exuberante verde de las montañas de Boyacá para adentrarnos en las sinuosas carreteras que nos guían hacia las renombradas minas, terrenos pedregosos y áridos que ocultan el codiciado tesoro verde. Entre ellos destaca Puerto Arturo, una propiedad que perteneció a Víctor Carranza, y otras explotaciones que operan en la región, revelándonos así el marcado contraste entre la opulencia y la dura realidad de los mineros que las exploran.

Es difícil imaginar que aquí, durante la década de 1980 esta zona, sufrió una de las guerras mas sangrientas, conocida como la guerra verde, una disputa entre clanes esmeralderos. Dicen que el conflicto dejó seis mil muertos, hasta que finalmente se firmó un acuerdo de paz que se firmó el 12 de Julio de 1990 que hasta hoy funciona. Durante estos días, pudimos experimentar como es la dura realidad de estas personas que resisten este sol abrasador, relavando tierra que ya fue explotada, removiéndola con sus palas y sobreviviendo con pequeñas piedras que apenas se ven.

Hoy es un día muy tranquilo, con poca gente, que bajo el inclemente sol, tamiza la tierra buscando la esquiva fortuna. Son gentes amables, tranquilas, de fácil conversación y nos cuentan que mañana, tendrá lugar la famosa voladora, una actividad que congrega a miles de personas. Así que decidimos posponer esta visita y regresar mañana para vivir y compartir esta actividad, aquí en Muzo.

Esta actividad inicia desde las tres de la mañana y quienes están en fila, aguardan pacientemente a que las puertas se abran para llenar sus lonas con la ilusión de cargar en ella, esa esmeralda que le cambie su destino. Nosotros, con nuestro buen guía César, obtuvimos el permiso para acceder y grabar imágenes completamente inéditas para nuestros ojos.

Finalmente, después de esperar horas para que les den entrada al corral, se abalanzan hacia el material con sus lonas vacías y sus ilusiones completas. Los líderes van acomodando los grupos, con el mayor orden posible, que a veces, se quiebra por el afán de algunos. Aquí, aprendimos que la esmeralda tiene un significado de riqueza, pero por contraposición, también de pobreza. Un auténtico contraste entre ilusión y realidad.

Una de estas líderes, nos dedicó un momento para nuestro canal.

Impactante, ¿verdad? En medio de este carrusel de emociones, donde la complejidad de este trabajo se mezcla con la sinceridad y amabilidad de las personas que conviven en paz y sin el temor de épocas pasadas, nos paseamos por esta realidad plagada de sueños, que en la mayoría de los casos, nunca llega; malviviendo bajo el sol, ven como se les va la vida, lentamente, como las aguas del río Minero.

Nuestra visita no estaría completa, si no caminamos por el centro poblado denominado mata de café, que al no formar parte oficial de ningún municipio, las administraciones locales no se hacen cargo ni de ellos ni de las condiciones en las que viven.

Este enorme puente colgante desde donde se puede apreciar la intensa actividad que se aún se despliega abajo, en el río. El único peligro aquí, es el intenso calor que amenaza con deshidratarnos, porque la gente es amable. Muy amable. Aprovechamos para hidratarnos con unas cervezas bien heladas y caminar por sus empinadas calles, entendiendo que aquí, nacen los sueños de estos guaqueros que se desvanecen entre condiciones difíciles, incapaces de abandonar la obsesión de enguacarse.

Ahora visitaremos un museo que resguarda una significativa parte de la historia de Muzo. Para nuestra buena suerte, contaremos con la guía de un experto historiador, quien nos transportará a través de documentos, pinturas, fotografías y datos reveladores, el fascinante pasado de este pueblo.

 

En muchas ocasiones tenemos la suerte de encontrar las personas indicadas que poseen un vasto conocimiento de la región, sumado a su generosa disposición para compartir su tiempo y enriquecer nuestras travesías con recuerdos inolvidables. Julio César Armero encarna este perfil excepcional: un ingeniero industrial oriundo de Muzo, que optó por abandonar una exitosa carrera para sumergirse en el mundo turístico con la creación de su parque ecoturístico, La Esmeralda.

Este encantador enclave ofrece no solo exquisitos platillos en el restaurante Los Muzos, sino también la experiencia única del túnel temático La Esperanza. Sus senderos perfectamente cuidados se complementan con detalladas explicaciones sobre los minerales presentes en la caverna. Asimismo, brinda la emocionante posibilidad de descubrir las esquivas esmeraldas. Lo más destacado, sin duda, reside en la garantía de seguridad y comodidad que proporciona, respondiendo así a todas las necesidades del turismo actual.

Salimos del parque muy felices y agradecidos por una experiencia imborrable… les contamos que la tierra de las minas, posee una especie de aceite, bastante difícil de remover y que a pesar del esfuerzo, nos acompañó un par de días. Nuestra visita a Muzo, no estaría completa, sin una parada para disfrutar de una buena historia, que compartiremos en la siguiente parada.

A pesar de ser pequeño, cuenta con hostales, hoteles, posadas rurales y glampings. Nosotros nos alojamos en San Benito, a pocos kilómetros de Muzo. Un sitio en medio de la naturaleza, con una vista increíble, una arquitectura que nos fascinó y una paz total.

Existen dos rutas para llegar de Muzo a Borbur, una más extensa y otra más corta. La primera se caracteriza por una carretera en buen estado, mientras que la segunda implica condiciones más desafiantes, resultando en un mayor consumo de tiempo. Además, estas rutas no son reconocidas por ningún GPS. Sin posibilidad de preguntar porque no había nadie, nos encontramos frente a una encrucijada donde debíamos elegir entre dos opciones, con una probabilidad del 50%, como se muestra en la imagen.

Y escogimos la ruta equivocada, lo que nos llevó a perder poco más de una hora. Sin embargo, para nosotros, los viajeros, la propia travesía se convierte en una atracción turística que disfrutamos al máximo. Una vez que retomamos la ruta correcta, continuamos descendiendo hacia el río minero.

El progreso de las comunicaciones parece no haber llegado a estas tierras, por lo que hemos adoptado una herramienta infalible que no requiere conexión ni baterías: el PPS (Pare, pregunte y siga).

Hicimos otra parada más en el río minero, luego de haber leído y escuchado las historias de decenas de cuerpos que eran lanzados a sus aguas, contrasta con la enorme tranquilidad que sentimos ahora.

Las poblaciones cercanas de Muzo, Pauna, Coscuez, San Pablo de Bourbur y Otanche, hacia donde nos dirigimos, en la década de los ochentas, no podían pasar de una población a otra.

Estas tierras, propicias para la agricultura, con abundante agua y riquezas minerales, evidencian que los habitantes actuales están logrando, con su labor, ingenio y pasión, transformar un antiguo conflicto en realidades que se sustentan en la industria del turismo. Comprenden que el éxito no se limita a ser el magnate de las esmeraldas.

Continuando en la ruta,  a medida que la ruta avanza, se enfrenta a giros cerrados que exigen maniobras precisas. La visibilidad se ve limitada por la sinuosidad del camino y la vegetación densa, lo que agrega un elemento de emoción y desafío.

Llegamos a

San Pablo de Borbur:

En comienzo, según narra la historia, los territorios de San Pablo de Borbur fueron ocupados por indígenas muiscas, los cuales fueron desplazados por los muzos antes de la llegada de los españoles. Algunos sugieren que el nombre del municipio alude a Pablo Valette, primer religioso que llegó a la región y bautizó al caserío con el nombre de Borbur, haciéndole honor al territorio francés de donde él provenía.

San Pablo de Borbur posee varios yacimientos de esmeraldas en su jurisdicción; entre ellas, por ejemplo, la mina de Coscuez, una de las más importantes del sector y reconocida a nivel mundial por su alta producción.

San Pablo de Borbur, posee uno de los sitios naturales más distintivos del occidente de Boyacá a su vez, resaltando ese privilegio de la mayoría de las poblaciones que hacen parte de la provincia de Occidente. Aparte del creciente turismo alrededor de la esmeralda, del clima y de la calidad humana de su gente, el municipio ofrece varios lugares que llaman la atención de los visitantes. Están la caverna de Las Cacas, ubicada en la vereda San Miguel; el páramo Lagunas, donde se puede realizar montañismo y senderismo; los cerros de Fura y Tena, Coscuez, Peñas Blancas, etc…

A nosotros nos encantaron los cerros de Fura y Tena y les tenemos su leyenda.

Muy obligatorio es visitar la parroquia de san pablo de Borbur.

LEYENDA DE FURA TENA

En el Occidente de Boyacá, hay dos cerros que son testigos de la historia de amor que dio origen a las Esmeraldas.  Un príncipe Muzo, llamado Tena se enamora perdidamente de mujer hermosa, Fura; esta unión fue bendecida por el Dios Are, con la condición de que su fidelidad mutua fuese eterna.  Con el tiempo, Fura cedió a la tentación del Dios maligno, Zarbe y se entregó a él a cambio de la inmortalidad.  Cuando Tena se entera, muere de pena por la traición.  Por el remordimiento, las lágrimas de Fura penetraron en la tierra y se convirtieron en maravillosos cristales de Esmeraldas. Los Dioses representaban la tragedia con los dos cerros, Fura y Tena que yacen separados eternamente por el río Zarbe.

Otanche

Otanche es otro de los emporios esmeralderos que tiene Boyacá. Su territorio, antes de la llegada de los españoles, alojaba a los muzos, aguerrido grupo indígena caribe, cuya principal actividad económica consistía en la posesión, explotación y comercio de las esmeraldas.  Desde su creación, Otanche se ha caracterizado por acoger a gente llegada de otras latitudes del país, atraídos por el llamado “embrujo verde” que ocasionan las esmeraldas. Sin embargo, hoy en día, además del innegable encanto que producen estas hermosas piedras, son otras las motivaciones que mueven a los turistas, para visitar este bullicioso pueblo; motivos que están relacionados con el enorme potencial ecológico y paisajístico que ostenta la región.

Fue una parada pequeña solo dormimos una noche, realmente no nos encontramos, estuvimos en la parroquia de nuestra señora del Carmen de Otanche realmente una iglesia redonda muy particular lo que reconocimos es que el párroco es un gran catequista y buen predicador.  No fuimos a ningún sitio paisajístico a pesar de que nos dijeron que habían muchas cascadas y cuevas.

Salimos de allí para dar inicio a una actividad que teníamos en Susa Cundinamarca, tomamos rumbo a Chiquinquirá pero hicimos una parada en

Pauna

A Pauna se le conoce, además, como “la puerta verde de Boyacá”; y no es para menos, pues son varios los sitios turísticos que refrendan este apelativo: los cerros de Fura y Tena, la cascada La Tunera, el pozo Aguasal y diversos centros recreacionales.

En la plaza principal de Pauna se encuentra la Iglesia de San Roque. En ella se venera a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora del Topo, ya que en la vereda de Topo Grande de este municipio, la imagen original se iluminó de una manera extraordinaria en 1608.  Es un pueblo pequeño.  De Otanche a Pauna son aproximadamente 50 kilómetros de carretera pavimentada pero unos tramitos dañados pero no se necesita un 4×4.

Caldas

El municipio de Caldas fue fundado el 28 de agosto de 1837, por el señor Gregorio con el Ángel quien le dio el nombre en honor a Francisco José de Caldas, uno de los próceres de la Independencia de Colombia. El poblado se originó desde la época de la conquista española, los pobladores originales del territorio eran los muzos un grupo perteneciente a la etnia Caribe.

El municipio de Caldas está localizado en un valle del sector occidental del Departamento de Boyacá, sobre la cordillera Oriental.​ Se comunica por vía terrestre con los municipios vecinos con la carretera asfaltada que conduce a Chiquinquirá y las demás de tipo carreteable.

Nuestra Señora de las Mercedes patrona del municipio.   La plaza central, con sus bancos de hierro forjado y farolas antiguas, se erige como el epicentro de la vida en los pueblos pintorescos. Es en este espacio donde convergen la historia, la tradición y la cotidianidad. La plaza suele ser rodeada de una iglesias muy colorida, y  fachadas que transportan a los visitantes a épocas pasadas.

El Kilometraje desde Pauna a caldas es de 41 kilómetros por una carretera buena pero algo inclinada hasta antes de 5 kilómetros que se empieza a nivelar o plana.

Los pueblos pequeños del occidente de Boyacá son tesoros que encapsulan la historia, la tradición y la autenticidad de Colombia. A pesar de los desafíos modernos, estas comunidades han demostrado ser resilientes al adaptarse sin perder su esencia. El turismo sostenible se presenta como una oportunidad para preservar y valorar estos lugares, permitiendo que las generaciones futuras también puedan disfrutar de la magia de estos encantadores rincones colombianos.

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