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95. El NOA: desde Salta hasta La Quiaca. Final del RN 40

El paisaje cambió por un verde vivo y plantaciones de maíz que nos hacían recordar los paisajes de nuestra tierra, pasando por diferentes poblaciones como Alemania, Talampa, La Vina, El Carril, La Merced para llegar a Salta.

Estos sitios conforman el llamado valle Lerma. Nos llamó la atención la enorme cantidad de buses que circulaban por estas vías y mas tarde nos enteramos que estaban celebrando la festividad del Cristo de Sumalao que es muy popular en esta zona.

Llegamos sin dificultad a la casa donde habíamos reservado por AirbnB, nos instalamos e iniciamos nuestro recorrido por la plaza principal y el centro histórico.

Los salteños son de la cultura mas tradicionalista del país. Su plaza 9 de julio esta enmarcada por el cabildo, que conserva su estructura originaria y los vestigios de la historia transcurrida dentro de sus muros. Funcionan allí dos museos, cerrados para el día de nuestra visita (lunes). La catedral basílica de Salta, bella, con una sobrecogedora decoración, tanto exterior como interior.

En ella se encuentra el Señor y la Virgen del Milagro, patrones de Salta. También se encuentra el panteón de las glorias del norte que guarda los restos del general Martín Miguel de Güemes. El centro cultural Américas, donde funcionó una iglesia de la compañía de Jesús y luego pasó a ser el club social mas importante de Salta, para mas tarde ser usado como casa de gobierno.

La iglesia La Merced, la iglesia y el convento San Francisco al que se le otorgó el nombre de Basílica menor por la santa sede, el convento San Bernardo que se convirtió en el actual monasterio con el nombre de nuevo Carmelo. Su portal de madera de algarrobo fue tallado por los aborígenes.

Caminamos hasta el monumento Güemes que recuerda a uno de los mas destacados héroes de la independencia Argentina, que nació aquí el 8 de Febrero de 1785. Recorrimos el mercado artesanal, el mercado San Miguel, el paseo Balcarce y algunos parques.

Monumento a Guemes

En la plaza 9 de Julio se encuentra el monumeto central en memoria del general Juan Antonio Alvarez de Arenales. El fue el gobernador de la provincia luego de celebrar la batalla de Salta.

Nos pareció una ciudad interesante y luce como un importante centro estudiantil. Regresamos en onmibús usando la tarjeta que nos había prestado César, nuestro host de AirBnB. Al día siguiente aprovechamos las comodidades de la negrita para conocer la ciudad más cómodamente. Las afueras de la ciudad con construcciones modernas le dan un toque especial a esta parte.

También visitamos el cerro San Bernardo hasta donde llega el teleférico. Es una reserva natural municipal y la vista de la ciudad es espectacular. Pudimos apreciar el valle de Lerma. Al bajar visitamos la iglesia de Viña, también colonial aunque cerrada. Visitamos la plaza 20 de Febrero donde se erige un monumento que conmemora la batalla de Salta en el mismo sitio donde tuvo lugar y a un costado hay una reproducción de la cruz que la conmemora.

Sin duda el sobre nombre de La Linda está bien ganado. Aprovechamos las comodidades de nuestra casa para extender un día mas nuestra estadía y organizar nuestra vida digital.

Salimos temprano de Salta con destino a San Antonio de los Cobres por la ruta 51, recomendada por la oficina de turismo, en buenas condiciones aunque con tramos en ripio.

Gran variedad de paisajes, desde montaña cubierta por una espesa selva hasta la inmensidad del altiplano con picos nevados y volcanes, donde comienza un viento helado. Los habitantes ya adaptados a estas duras condiciones climáticas, conservan sus costumbres ancestrales que se reflejan en manifestaciones como la Pachamama, tan común en Bolivia y Perú.

El pueblo realmente tiene poco atractivo con excepción de la iglesia de piedra, San Antonio de Padua. Poca gente se ve en la calle y lo entendemos, con el frío seguro que solo están los que realmente requieren hacerlo. Almorzamos frente a una plaza que está habilitada como parada de viajeros para motorhomes, hicimos un pequeño recorrido por sus calles que retratan un pueblo minero detenido en el tiempo. La atracción principal es el tren a las nubes que recorre un tramo de 15 kilómetros

Pasamos por la estación de El Tren a las Nubes que no parte todos los días y si estás interesado hay que programarlo con anticipación por la alta demanda. Al menos con dos meses de anticipación por lo que habíamos leído. El día de nuestra visita estaba fuera de servicio, así que nos dirigimos al viaducto de la Polvorilla que tiene como punto mas alto los 4.200 msnm.

Es realmente una obra imponente y nos divertimos tomando fotografías del lugar y conversando con un viajero argentino que venía recorriendo al RN 40.

Desde este punto tomamos la ruta IV 40 que corre paralela a la 40 original y que según nos dijeron, estaba en mejores condiciones. La verdad que este ha sido uno de los pasos más calamitosos por lo que hemos transitado. Tenía al menos 10 tramos en arena tipo talco, extremadamente suelta y con poco o nada de agarre. Por fortuna y con una dosis de suerte, logramos sortear este tramo en el que mas adelante encontramos una caravana de viajeros en moto que estaban planeando como sobrepasar esta dificultad. Eso sí, la negrita quedó completamente cubierta de ese polvillo fino por todas partes. Cuando terminó esta tortura vimos cultivos de alfalfa y maíz, algo de ganadería y nos impactó la gran cantidad de burros y animales silvestres, como las vicuñas y chinchillas (peludos).

Sobre al atardecer llegamos a Salinas Grandes, con mas de 1.500 kilómetros de una capa de sal y están sobre los 3.550 msnm. Esta capa tiene entre 10 y 50 centímetros de espesor. Hay una zona de venta de recuerdos que a esta hora empezaba a ser abandonada y consultamos con nuestra aplicación que sugería este sitio como tranquilo para pasar la noche. Así que estacionamos y nos dedicamos a algo que nos encanta: tomar fotos 🙂

Los hombres nativos de la puna explotaron y explotan la sal, originalmente se trataba de una laguna poblada de abundante flora, fauna y vegetación acuática. El espectáculo fue maravilloso, aunque no nos sorprendió por el inmenso salar de Uyuni en Bolivia que habíamos visitado hace un año. El frío nos obligó a refugiarnos dentro de la negrita, donde pasamos una noche muy cómoda. Al dia siguiente la negrita amaneció congelada y la temperatura estaba alrededor de -4C

Con los primeros rayos de sol retomamos la ruta, atravesando la plataforma que corre sobre el inmenso salar.

Vimos la mina Guayatayoc propiedad privada que se encarga de la explotación de la sal en el lugar. Las formas hexagonales que se muestran en la superficie que caprichosamente se forman, se fundían en el horizonte con un azul bello del cielo que recién empezaba y coloreaba nuestro día.

Tomamos la ruta 52 hacia Purmamarca que hace parte del corredor bioceánico del mercosur. Recorrimos la Cuesta de Lipán, uno de los puntos referentes de la 40 y que une Argentina con Chile, por el paso de Jama. Esta cuesta tiene un tramo zigsajeante y empinado, ubicado en la provincia de Jujuy. Llegamos al punto mas alto, abra Potrerillos a 4170 msnm y tomamos el descenso que termina en Purmamarca.

Antes de llegar entramos a ver el pequeño pueblo La Puerta de Lipán, con una pequeña iglesia. Nos impactó es que hay que atravesar el río Purmamarca que esta época estaba seco lo cual facilita la ausencia de puentes. Lo que no nos explicamos es como sortean esos pasos cuando tengan agua.

Purmamarca significa en aymara, pueblo de la tierra virgen. Es netamente turístico. Se estableció sobre la quebrada del mismo nombre y en el marco de la quebrada Humahuaca. Es una localidad muy pintoresca. Su capilla Santa Rosa de Lima fue declarada monumento nacional.

El cerro de los siete colores está junto al pueblo. La mejor perspectiva se logra caminando al cerro El Porito por el que pagamos ARS 10 p.p. El cerro está compuesto por distintas capas resultado de los sedimentos marítimos, lacustres y fluviales. Desde aquí la vista del pueblo y sus colores es excelente. La caminata es sencilla y muy agradable.

Otro atractivo es pasear por el parque en el que abundan las artesanías. Vale la pena caminar observando su arquitectura colonial y el Cabildo. El tiempo al parecer, detuvo su marcha por estos parajes y dan a este sitio un toque muy particular. La sencillez y el colorido es el tema principal, eso sí, enmarcado en un paraje difícil de igualar.

El paseo Los Colorados y el algarrobo histórico con una edad de 620 años, es un circuito para realizar en carro o una caminata a pie. Aprovechamos la comodidad de la negrita para realizarlo sin afanes, disfrutando a cada minuto este particular paisaje del NOA.

Tantos días, tantos kilómetros y la capacidad de asombro aún seguía intacta. Nos maravillamos por toda esta experiencia que potencializa nuestros sentidos y que nos lleva por esta aventura al mejor viaje de nuestras vidas. Y continuamos el recorrido por la quebrada Humahuca, tomando la ruta 9 hacia el norte. Pasamos Maimara (estrella que cae) un pequeño poblado ubicado en el corazón de la quebrada donde predominan cultivos de hortalizas y flores que brindan un bello colorido que se fusiona con el paisaje. Sobre la ladera oriental del valle del río grande, se encuentra la paleta del pintor. Formación de cerros destacadas por maravillosos matices. La quebrada Humahuaca es patrimonio de la humanidad, tanto natural como cultural, debido a que es un conjunto de herencias culturales de diversas comunidades nativas en convivencia con la Pachamama. Continuamos hacia Tilcara donde solo paramos a cargar combustible, pero este pueblito es conocido como la capital arqueológica de la provincia. Luego pasamos por Uquía y llegamos a Humahuaca, principal población que lleva su nombre.

Es la capital histórica de la quebrada. Conserva pintorescas callecitas empedradas. Su iglesia declarada monumento nacional, en el año 1.641. Solo la abren a las 12 del medio día y tiene un fondo recubierto de pan de oro, donde reposa la Virgen de la Candelaria, patrona del pueblo.

El ícono de este pueblo es el monumento a los héroes de la independencia y al ejército del norte, homenaje a los nativos de la quebrada por su lucha y por la independencia.

Nos alojamos en un camping para pasar una fría noche y retomar nuestra ruta hacia la serranía de Hornocal. Es un escondido lugar a 24 kilómetros en dirección al pueblo de Santa Ana, sobre una ruta de ripio en buenas condiciones.

Llegamos al mirador del cerro de 14 colores y pagamos ARS 50 al ingreso. Desde allí pudimos apreciar una sierra multicolor que se alza sobre un profundo valle. Es una combinación de los conocidos cerros de los siete colores de Purmamarca y de la paleta del pintor de Maimara.

Los colores se agrupan en forma de V invertida que originan una vista impresionante, además que el día nos acompañó con un azul del cielo que lo contrataba.

Pasar al castellano este conjunto de sensaciones no resulta nada fácil. La suma de sensaciones como la libertad adornada de colores profundos y variados, la apertura de los sentidos que se vuelcan en estos paisajes nuevos y únicos, la sonrisa y la comunicación del silencio que con un gesto encierra un mundo, nos hacen volver hacia nosotros mismos y dar gracias a Dios por todas estas maravillas que nos fueron dadas.

De regreso tomamos hacia una enorme puna, territorio desolado sin asomo de vegetación en el que solo los animales adaptados sobreviven. Las formaciones geológicas continuan regalándonos colores por encima de los 3.000 metros de altura, como el Espinoso del Diablo.

Finalmente llegamos a La Quiaca, la última o la primera población de Argentina. Para nosotros, la última. El fin de la mítica RN 40 que atraviesa Argentina por más de 5.000 kilómetros y que recorrimos casi en su totalidad.

Recorrer la RN 40 casi en su totalidad era uno de los capítulos que queríamos vivir, como en efecto lo hicimos. Es el mito de atravesar este gran país por su ruta más icónica y descubrir en ella la belleza y diversidad que se esconde y que para nosotros fue revelada con la magia que produce viajar. Desde el kilómetro 0 en Cabo Vírgenes hasta aquí, hemos recorrrido muchos kilómetros más de los que dice el aviso debido a las salidas hacia puntos mas lejanos que han enriquecido y de que forma nuestra aventura.

Allí dejamos estampada nuestra calcomanía, sellando una ruta mítica, fabulosa y bellísima. La Quiaca como población no tiene mayor cosa que ofrecer, salvo ser la testigo del final de esta ruta y que además, en nuestro caso, era paso hacia Bolivia y que nos serviría para renovar nuestros primeros tres meses de permiso en Argentina que estaban a punto de vencer.

La Quiaca es frontera con Boliva, separada por un puente que al final conduce a Villazón. Muy claro teníamos que era una ciudad de paso. Allí no nos detuvimos. Hicimos la frontera que es binacional con trámites sencillos. Solo y como anécdota, al pasar al lado boliviano el guarda nos solicitó parar y pidió que solo el conductor entrara a su oficina, en la que pretendía que le entregáramos dinero, en razón a su bajo salario. Cosas de Bolivia.

Villazón es una zona repleta de vendedores que atravesamos sin parar. No es nada vistosa y con poco encanto, así que seguimos hacia Tarija. Ya estábamos de nuevo en territorio Boliviano, que marcaba el fin del NOA en su punto mas norte.

Aquí aprovechamos para parar por una semana y estudiar nuestras rutas, actualizar nuestra vida digital y aprovisionarnos porque resultaba bastante mas económico que en la vecina Argentina, a la entraríamos de nuevo, pero esa será nuestra próxima historia.

Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. Anónimo

    Yo un poco atrasada sigo disfrutan del viaje .

  2. Anónimo

    Que rico seguir viendo y leyendo sus experiencias, les falta aun màs relatos les estaremos esperando. Los quiero mucho

    1. felsego

      Muchas gracias. Muy pronto estaremos publicando las que nos faltan para completar el viaje.
      Un abrazo

  3. Maria Helena Arango Vasquez

    Disfrutamos mucho los agradables relatos y preciosas fotografías! Valioso aporte el trabajo de comunicar y registrar este interesante viaje!

  4. Liliana María Jaramillo Bernal

    Que rico volver a leer su travesía, lindos paisajes, hermosa iglesia en piedra, la carretera se parece a la de Zapatoca, con curvas que paisajes tan divinos, que rico, los quiero mucho

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