Retomamos nuestra ruta hacia el norte, recorriendo lentamente esta región llamada la mesopotamia Argentina, una región húmeda con abundante vegetación que le daba ese toque verde refrescante que alegraba nuestros espíritus. Está ubicada el noreste y situada entre los ríos Paraná y Uruguay y contiene tres provincias: Misiones, Entre Ríos y Corrientes.

De Yapeyú a La Cruz son poco menos de sesenta kilómetros que recorrimos por una agradable carretera. Estos pequeños poblados, tan apacibles, son los que nos invitan a quedarnos, a disfrutar de una feliz estadía a fuego lento. Además, La Cruz, estaban enmarcada con historias guaraníes jesuíticas y banderiantes que queríamos degustar. Iniciamos por la plaza, que es el corazón junto con su iglesia.


u Nombre deriva de La Santa Cruz, o La Cruz de Mboreré o de Nuestra Señora de la Asunción de Mboreré, recordando otra ciudad Jesuita que existió previamente.El pueblo entero mira hacia el punto donde hoy se ubica la iglesia
Le nombre real del pueblo es Nuestra Señora de Asunción de la Cruz, derivado de La Santa Cruz o La crzu de Mboreré, homenajeando otra ciudad jesuita que existió anteriormente. Fue fundada en 1.630 y relocalizada en 1.657 y destaca por su historia, que narra la importancia que tuvo por haber defendido sus orígenes y su gente durante numerosos enfrentamientos, además de haber construido una muralla como protección ante la amenaza charrúa. Conserva un bello reloj de sol tallado en piedra creado por los jesuitas, que aún es testigo de tantas historias, a pesar de los constantes saqueos e incendios y que es uno de sus puntos históricos.

También visitamos la ruinas de las murallas jesuíticas, que pueden verse aún en varios puntos de la ciudad. Es un testigo realmente mudo, porque no existe la cartelería ni un guía que enriquecieran la experiencia histórica sobre la que caminamos. Sin embargo, con un tris de imaginación, paseamos por las calles de la historia.

Pero sin duda, era pasear en medio de esa paz, de la tranquilidad que entregan estos pequeños poblados repletos de gente buena, sencilla, que a veces, al son de las risas de los niños y otras veces en completa soledad, lo que le daba un toque tan especial que invitaba a quedarse.

Ya sobre el medio día y sin prisa ninguna, visitamos el camping de La Playa, que ofrecía una linda vista sobre el río, decidimos sacar nuestras sillas (reposeras como le llamaban por estas tierras) y deleitarnos con ese magnífico clima cálido que hacía muchos, muchos meses no sentíamos.


Definitivamente, el sitio nos enamoró, así que decidimos no avanzar más, tomar un buen almuerzo, relajarnos y disfrutar de un atardecer junto al río Uruguay.

Y al final del día, otro postal de un atardecer inolvidable.


Al día siguiente, iniciamos la ruta hacia Santo Tomé. A tan solo cuatro kilómetros de la entrada, está el balneario YPOR, que lucía verdaderamente atractivo. Tenía un buen restaurante y las instalaciones impecables, por lo que entramos a verificar y recibimos tan buena atención, que decidimos hacer una parada de cinco días, en principio, para tomar un merecido descanso de las rutas y aprovechar todas las comodidades que nos ofrecían. ¡El restaurante nos encantó! Excelente sabor. Así que aprovechamos el buen internet y adelantamos buena parte del trabajo digital que ya se nos estaba acumulando.
Realizamos un cafecito y salimos para Santo Tomé; a 4 kmts antes de llegar está el balneario YPOR y entramos allí a ver la cuestión del camping y nos atendieron supremamente bien, nos cobraron barato y además nos prestaron un baño en una habitación, así que decidimos parar unos días para ponernos al día en muchas cosas. Además, tiene restaurante y los almuerzos son muy ricos y a bien precio.
En la tarde fuimos al pueblo, cambiamos aceite al carro, recorrimos algo del pueblo y nos devolvimos al camping con un atardecer de ensueño, un cielo con sol rojo hermoso.