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5. Alta Guajira Colombiana: Punta Gallinas! (Parte 1)

Que buena noche! Dormir en un chinchorro, a pesar de tener algunas dudas, fue de lo mejor. Resultan muy cómodas, y ayuda mucho el clima, que es muy fresco. Casi que a veces, frío. Resulta curioso, no? Recomendamos que lleven chaquetas ligeras o algo con que cobijarse. Son insdispensables para pasar una buena noche. En principio, nos habían recomendado, aunque pensábamos que junto al mar, no era del todo necesario. Pero, hizo algo de frío, en especial, en la madrugada. Luego de un rico desayuno, iniciamos nuestro recorrido hacia las dunas de Taroa y Punta Gallinas.

No somos un blog de información turística. Nuestro deseo es hacer crónicas de viaje, con fotografía y video. Pero Punta Gallinas, bien merece información de este tipo. Así que, resumimos nuestras lecturas previas.

Punta Gallinas es el extremo más septentrional de la placa continental de América del Sur, Coordenadas 12°27′28″N 71°40′04″O

Se trata de un extremo de tierra que se adentra en dirección noroeste al mar y que cierra un conjunto de accidentes que conforman una bahía de la península que va desde punta Gallinas hasta el cabo de la Vela o Jepirra (en wayú). Entre ambos puntos están Puerto Bolívar, bahía Portete y bahía Honda.

Cerca a punta Gallinas se encuentra una comunidad de cerca 100 habitantes de la etnia wayú, unas de las pocas culturas suramericanas que conservan intactas sus tradiciones ancestrales. Es un impresionante escenario natural de mesetas, dunas y acantilados rocosos, que emergen del mar, abrazando a la bahía Hondita. Tiene una inmensa duna que alcanza 60 metros de altura que se alza como una muralla justo en la orilla del mar y que se conocen como las Dunas de Taroa, por donde pasaríamos previamente, antes de llegar al hospedaje. En la punta se ubica el faro situado más al norte de toda América del Sur; dicho faro posee con una altura de 18 metros y abrió sus operaciones en 1989.

Deja salir tus miedos!

Los sueños, están tomado cuerpo! Hemos dejado salir nuestros miedos. Y seguimos afirmando con alegría, que la vida no tiene repuesto. Decídete a vivir la vida, como la sueñas. Y de eso conversamos durante el recorrido con James, un médico neuro-siquiatra, que también había tomado la decisión de jubilarse, tan pronto cumplió los requisitos y se dedicó a viajar y a vivir. Y en realidad, no nos resultó fácil dejar nuestras vidas, renunciar a cumplir con la edad de jubilación, desaprovechar la experiencia y la perspectiva que dan los años, para seguir con nuestros sueños. En algunos momentos, nos parece que estamos siendo un par de locos! Pero también creemos que para nosotros, es más importante comprar experiencias, que comprar cosas. Y al observar por la ventana, reafirmamos nuestras convicciones! Finalmente, James nos dio el mejor diagnóstico que pudo: somos apenas normales! Jajajajaja. Además, nos dejó esta frase: no tires piedras, cuando tu casa es de cristal. Buena! Según nos dijo, era un dicho canadiense.

La vía es un impresionante escenario natural de mesetas, dunas y acantilados rocosos que emergen como de el mar, abrazando puerto Bolívar, bahía Portete, bahía Honda y bahía Hondita.  Tiene una inmensa duna que se alza como una muralla justo a la orilla de el mar y la carretera en un punto, es casi intransitable. Se necesita de un guía ya que no existe señalización alguna.

Y es aquí, donde llega la recompensa, luego de brincos, saltos, sustos y risas, cuando se visualizan las Dunas de Taroa,  una inmensa cuesta de varios kilómetros de extensión junto al mar, que hay que subir un montículo de arena amarilla que se empina y desde la cima se observa el Mar Caribe, esto parece una alucinación. Vemos morir las dunas en el mar! (Ya les dijimos del inmenso azul del cielo? 🙂 )

En todo el trayecto se visualizan diferentes rancherías. Son pocas casas y separadas entre si, no hay hacinamiento,  aunque se aprecia pobreza. Se ve limpio y se nota que se preocupan por tener en orden sus casas.

“Los wayú no viven en asentamientos estables, es frecuente que las familias se trasladen a residir temporalmente a otro lugar cuando se agota el pasto para sus animales o cuando deben cumplir un compromiso social. Tradicionalmente se organizan en cinco o seis viviendas ubicadas de forma dispersa con distancias de varios minutos de camino, conformando una ranchería o caserío.

La casa es de forma rectangular, dividida en dos habitaciones con techos en los que se cuelgan las hamacas para dormir y las mochilas. Junto a la casa se ubica la cocina, la cual carece de techo y es encerrada en plantas de cactus para protegerla del viento y la arena. Además, se encuentra, aparte de la casa, una enramada techada y sin paredes en donde se realizan las actividades diurnas y sociales. Cuentan también con un corral para los animales, bovinos y caprinos.” Tomado de internet.

Algo impactante son la gran cantidad de retenes que hacen en el camino, pidiendo algo. Agua, alimentos, lo que ayude. Lo difícil del cuento es que estos retenes son realizados en su gran mayoría por niños muy pequeños.  Los conductores de las camionetas, a veces no hacen el pare, por lo que existe un silencioso acuerdo, para soltar la cadena segundos antes que pase el vehículo, con el susto que nos produce a todos dentro del carro.

Otra cosa que observamos en la vía, fue muchos cementerios que según nos contó nuestro conductor también son por familias. En este tramo de la carretera estaba especialmente malo.

“Los Wayú, no concluyen el ciclo de vida con la muerte, ya que la gente continúa relacionada con los huesos del difunto. Los entierros son acontecimientos importantes en los que los parientes del muerto actúan determinada manera. Esta relación con los muertos tiene su contrapartida en su sentido de pertenencia e identidad, en su noción misma del territorio, pues como lo afirma Rosario Epieyú, ¨los wayuú son de donde son sus muertos “. Los entierros se hacen en dos etapas: primero se sepulta el cadáver con algunas pertenencias y luego, dos años después, se hace una exhumación del cuerpo, se incinera y se sepulta nuevamente en el cementerio clánico, dentro de ollas de barro o tumbas de cemento.” Tomado de internet.

Después de un  relajante baño en aguas del Mar Caribe, que pese a lo que parecía, estaba frío y un oleaje fuerte volvimos a subir la duna de arenas amarillas y nos dirigimos al faro.

Faro Punta Gallinas.
Ya estamos en la punta de nuestra aventura!

Y allí, justo allí empezaría nuestro viaje, logrando así el primer objetivo.  Nos tomamos fotos, hicimos videos. Muchos videos (y ahora estamos pagando el costo de su edición)  e hicimos nuestro montículo de piedra para dejar nuestro recuerdo.  Y no fue el de la foto. 🙂

Conversamos y celebramos con una gran sonrisa, una mirada y un beso!

Captando la belleza del paisaje.
En el faro

[Tweet “Las personas no hacen viajes. Los viajes, hacen a las personas. John Steinbeck”]

Mañana, la segunda parte de esta entrada 🙂

Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. Alonso Gonzalez Uribe

    La vida es esa y hay que disfrutarla al máximo, ya que cuando uno parte a la eternidad nada se lleva.

  2. NestorR

    Excelente crónica…en verdad conocimos bastante de Punta Gallinas.

    1. felsego

      Nos alegra que disfruten con nosotros. Mañana estaremos publicando los videos.
      Un abrazo

  3. Claudia

    Si, estilo de vida para amantes de la vida, la belleza y la igualdad.

  4. El pariente

    SÚPER Y AHORA SI ES FÁCILÍSIMO DE VER. UN GRAN ABRAZO

Comentarios cerrados.