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93. Región del cuyo: desde Mendoza hasta Alpasinche.

Partimos de Mendoza con algo de nostalgia porque tuvimos unos días muy agradables y es una ciudad que nos resultó encantadora. Tomamos la R 52 con rumbo hacia la reserva natural Villavicencio, sitio de donde se extrae el agua mineral de esta conocida marca en Argentina. Las alturas van de 900 a 3.080 metros y tiene una superficie de poco menos de 70.000 hectáreas. Esta ruta escénica nos la recomendaron de manera especial, porque además de conservar el único paisaje puneño de Mendoza, tiene una rica fauna, donde vimos Guanacos, Liebres y Zorros.

En la ruta está el legendario hotel Villavicencio que realmente fue mas un complejo que hoy día funciona bajo el manejo de la fundación Villavicencio y ofrece visitas guiadas (ARS 160 p.p.) y además del hotel, otros atractivos naturales. Por el precio y el poco tiempo disponible en este tramo de la ruta, no nos detuvimos y en nuestro concepto vale la pena si haces una visita de día completo. Mas adelante aparecen los famosos caracoles de Villavicencio, un sinfín de curvas sobre caminos de cornisa en ripio.

Estos caracoles son los protagonistas de esta parte de la ruta y nos encantó ir parando en sus miradores y sorteando sus 270 curvas hasta llegar a la cima, donde se encuentra La Cruz del Paramillo.

Desde la cima pudimos apreciar la cordillera de Los Andes, con sus picos nevados. Uno de ellos era El Aconcagua que ofrecía un paisaje muy agradable. Descendimos por carretera en ripio en buenas condiciones hasta llegar a Uspallata, sitio en el que ya habíamos estado hace meses, por lo que solo paramos a cargar combustible para retomar la R 149 sobre una ruta polvorienta con un paisaje andino espectacular.

Al cruzar a San Juan volvió el pavimento. Tantos kilómetros de caminos polvorientos hacen que una buena vía resulte un verdadero alivio. Y mas cuando asomó una planicie desértica enorme. Se trataba del Barreal Blanco o Pampa del Leoncito. Visitamos Barreal y nos instalamos en el camping municipal para después dar un recorrido por el pequeño pueblo. Conocimos la plaza General San Martín, el mirador del Río los Patos, la calle de los enamorados donde hay esculturas de un artista local.

Los colores con que se pinta el otoño por estos sitios resultan verdaderamente bellos. Al final obtuvimos información en la oficina de turismo, donde nos recomendaron el PN Los Leoncitos.

Con un clima perfecto arribamos al Parque Nacional donde nos informaron los dos trekking por realizar. Este parque está en pleno corazón de la Sierra del Tontal y de cara al valle de Calingasta. El cielo azul y claro que teníamos aquí, pocas veces lo habíamos visto.

Fue necesario realizar un registro en las oficinas donde aprovechamos para conversar con los guarda parques, que nos informaron que la visita no tenía costo, y además un camping libre que podíamos utilizar. Nos explicaron que hay dos senderos. Uno de ellos, denominado La Gotera, y su principal atractivo radica en la curiosa flora del lugar, que ha logrado adaptarse a este ambiente inhóspito.

Hicimos una caminata muy amena de alrededor de 3 horas (ida y vuelta) por el Cerro El Leoncito de 2.519 msnm. Era muy lindo, el color de la roca iba cambiando a medida que caminábamos. A veces era más verde, más roca, más gris o más amarilla. En la caminata se asciende por el arroyo de Las Cabeceras, donde se observan abundantes Retamales y Jarillales. Hacia el oeste, se abre una espectacular vista de parte de la Cordillera de los Andes, en particular del Cerro Mercedario, de 6.770 m

Por momentos nos sentíamos como en un mundo diferente. Eramos los únicos visitantes y esta caminata resultaba especial. Hemos caminado tanto kilómetros por parajes tan diversos, que no atinábamos a encontrar la razón de esta sensación. Una parte de la respuesta es sin duda, que estábamos haciendo realidad las ilusiones, sueños y motivaciones que nos habíamos planteado en la preparación de esta aventura. Estos parajes los habíamos soñado con gana y hoy eran una linda realidad.

La otra razón es el cielo profundamente limpio y azul. Aprendimos que este parque contribuye con la limpieza del cielo al conservar los ambientes de monte, la puna, evitando actividades humanas que generan luces y polvo atmosférico que amenazan la calidad de los vientos. De ahí esa limpieza de cielo que ofrece un número cercano a las 300 noches despejadas por año. Este es uno de los sitios que disfrutamos al máximo y que nos sorprende lo poco difundidos que están en las guías turísticas y los blogs de viajes.

Al llegar informamos a los guarda parques, tal como nos lo habían solicitado. Mas tarde fuimos a la cascada El Rincón salto de las aguas del arroyo El Leoncito. Pudimos apreciar un Zorro gris de gran tamaño y nos contaron de la existencia de los Pumas, pero no pudimos ver ninguno.

Acompañados de un buen vino, nos instalamos en el camping para pasar la noche. Conversamos acerca de como este sitio nos conectó tan especialmente con la naturaleza, con nuestro mundo y de forma especial, con nosotros mismos, de estar invirtiendo nuestra vida en nuestros sueños y nada mejor para ello que matizarlos con este color azul profundo de un cielo que nos sacó nuestros mejores sentimientos.

Para nuestros fieles amigos reales y virtuales que nos leen por este medio y sueñan con una vida viajera, los animamos a iniciar su propia aventura. La recompensa es enorme y dulce.

En la noche el cielo abierto permite observar las estrellas. Pero los efectos del cansancio sumados al frío y al vino, terminaron por vencernos en un profundo sueño.

Salimos del parque hacia La Pampa, donde aprovechamos para darnos gusto tomando fotografías. La gran planicie de tierra que antes fuera un lago, hoy es usada para hacer carrovelismo entre los meses de Noviembre a Marzo.

Avanzamos hasta Calingasta, el pueblo de los miradores. Hay ocho extensas planicies conformadas con materiales de las minas que operan en la zona. No hay mucho por ver allí, de modo que tomamos rumbo al Parque Nacional Ischigualasto por la R 149 atravezando valles hermosos adornados por el Río San Juan. Hay montañas de media altura muy arrugadas y pedregosas que con la luz de los rayos solares, generan una gran variedad de formas.

La carretera está en muy buen estado aunque nos pareció muy solitaria. Mas adelante atravesamos el pueblo fantasma de Talancasto para retomar la RN 40 al norte pasando por el valle de Matagusanos.

Según leímos, su nombre se debe a la aridez del lugar que no permite que sobrevivan ni los gusanos. Aunque la más sensata explicación, es el Atamisque, un arbusto endémico del desierto cuyano que hace las veces de vermífugo.

El camino tiene abundantes badenes por lo que la conducción la hicimos con cuidado y buena atención. Llegamos a San José de Jáchal, donde hicimos un corto recorrido por sus calles y aprovechamos para comer. Continuamos por la R 49 pasando por Pampa Vieja, La Falda y finalmente llegamos a Ciénaga, donde nos instalamos en el parque municipal que tenía un camping abierto y gratuito.

En este punto estamos relativamente cerca del paso agua negra que conduce a chile y sale al Valle del Elqui, al que hicimos homenaje tomándonos un pisco de Los Nichos que compramos en ese sitio.

Charlas nocturnas en el camping nos pasearon por el tema del matrimonio, que nos resulta mas que un vínculo sagrado. Es mas la unión libre de dos personas que quieren estar unidos por el hecho de ser amigos, confidentes, dispuestos a hacernos felices a compartir y sobre todo, a aceptarnos tal cual somos y querer estar juntos cada día. Todo lo anterior a pesar que hay momentos en que deseamos ahorcarnos 🙂 Y no crean que no. Es todo un reto vivir 24 horas al día juntos, que por fortuna, hemos sobrellevado con todo éxito.

Pasamos por la RN 150 que es un corredor bioceánico que une desde Belo Horizonte con Coquimbo. Una ruta bastante escénica con puentes, túneles, banquinas y miradores que inicia en la oficina de los guarda parques donde hay un esqueleto que hace alegoría a lo que allí veríamos.

Parque Provincial Ischigualasto.

Es una de las joyas de la RN 40. Al llegar pagamos ARS 300 p.p. por la entrada y visitamos el museo donde pudimos ver la evolución de nuestro planeta a través de los años. No te lo pierdas y recomendamos hacerlo antes de el safari.

El recorrido lo realizamos a bordo de la negrita, tipo safari, en un recorrido de aproximadamente 40 kilómetros, con paradas para que el guía del grupo realice las explicaciones. Visitamos diferentes puntos durante las tres horas y media. Vamos a ver con fotos, cada uno de los puntos visitados:

Primera Parada: Valle Pintado
Valle Pintado.
Segunda parada: Cancha de Bochas
Cancha de Bochas
Caravana en el parque
Tercera parada: Museo de Sitio Dr William Sill
Fósiles frente al museo.
El Submarino
El Hongo
El Hongo es una formación rocosa muy agradable, en especial por los contrastes de colores
En el hongo el guía nos deja en libertad para recorrer a gusto los enormes paredones de color rojizo.
Paredones de roca, al final del recorrido.

La visita deja además de la admiración, el entendimiento de la importancia paleontológica de este sitio privilegiado que tiene los fósiles más antiguos del planeta y que son referente de estudio a nivel mundial. están los abuelos y tatarabuelos de los dinosaurios Rex, los mas conocidos hoy día.

Hay que dejar volar la imaginación por estas tierras y permitir que las formas y colores produzcan una experiencia que solo se puede vivir aquí. Además con la narración de nuestro guía con su detallada explicación, hace que valga la pena la visita.

Durante el recorrido conversamos con Sergio y Sandra, una pareja argentina que nos explicó que este parque era mucho mas completo que Talampaya, en especial, por la diversidad y que los paredones rojos que vemos en la foto de arriba, eran bastante similares. Aunque la fama de ese parque sea tan alta, el costo no guardaba proporción, según su experiencia. Así que decidimos no visitarlo. Al terminar el recorrido nuestra carga de combustible estaba baja y al averiguar nos informaron que la estación más próxima estaba en Valle Fértil, a unos 70 kilómetros. Sin otra posibilidad, nos dirigimos a esa población que implicaba regresar de nuevo.

Llegamos al final de la tarde y cargamos combustible. Por la hora nos alojamos en el camping municipal que tenía muy buenas instalaciones.

Siempre hemos aconsejado la importancia de llenar el tanque y con esta, es la segunda vez que nos vemos cortos.

De regreso al día siguiente sobre la carretera asfaltada con gran cantidad de badenes, lo que hacía que el tránsito fuera lento. Al tomar la ruta 76 hicimos una breve parada en Talampaya, donde de todas formas averiguamos que en la entrada se pagan ARS 300 y el tour en el bus ARS 600 lo que realmente resultaba costoso para dos personas. Así que tomamos unas fotos para el recuerdo.

Para consultar los parques, dejamos las páginas web en los siguientes enlaces:

Parque Ischigualasto

Parque Talampaya

Mas adelante, los paisajes eran intensamente rojos debido al color de la tierra.

Tumbas de la difunta Correa, muy común por Argentina.

Continuamos la ruta, pasamos por Pangancillo donde hacen el control fitosanitario de frutas y verduras. Este control es común cuando se cambia de provincia. Al llegar a Villa Unión retomamos la RN 40 que corre sobre una gran planicie adornada con rojos y verdes. Mas adelante, Los Tambillos que conduce hacia la localidad de Miranda, un recorrido de 28 kilómetros de los cuales, 12 kilómetros pertenecen a la célebre cuesta de Miranda.

La cuesta es una ruta escénica que aunque ya no tiene tantas curvas puesto que fue reformada en 2.015. Su punto mas alto está a 2.040 msnm donde se encuentra un monumento al diseñador y constructor Balloli.

Al terminar llegamos a Soñagasta, lugar de casas pequeñitas, bonitas y atravesamos el valle hasta llegar a Nonagasta y 14 kilómetros mas adelante, llegamos a Chilecito por carretera asfaltada de doble carril.

Nos acercamos a la oficina de información turística donde nos dieron los mapas de la zona. Este día se celebraba el día de la patrona de Chilecito, Santa Rita de Casia, que por supuesto aprovechamos para visitar y observar la devoción profunda que profesan sus habitantes.

Nos instalamos en un camping cercano y aprovechamos para organizar nuestra vida digital. El nombre de este pueblo está asociado a la gran cantidad de chilenos que vinieron a trabajar en la mina La Mexicana. Al parecer en un momento, eran mas los extranjeros que los propios locales por lo que la población se quedó con ese nombre. La mina la Mexicana es hoy una atracción turística y un monumento histórico natural.

Primero, visitamos el pequeño museo donde vimos la primera empresa que tuvo a cargo The Fomatine Company, quienes construyeron 35 kilómetros con 262 torres y 9 estaciones, sin incluir el ramal a Santa Florentina.

El cable carril es la obra de ingeniería en su tipo, más larga y alta del mundo. Hoy día se conserva en perfecto estado y solo aquel que ha visitado alguna de sus estaciones sabe de la real importancia, de la grandiosidad y del ensamble perfecto. Cuenta con 9 estaciones. La primera a 1.075 msnm y la novena a 4.603 msnm. Es un interesante paseo al pasado y solo se puede llegar en carro hasta la tercera estación.

Desde este punto iniciamos la vuelta del pique, que según nos explicó la encargada de turismo, es imperdible. Allí pudimos apreciar dos ríos que corren paralelos, uno amarillo que sale de la boca del volcán y otro claro que nunca se mezclan. La carretera es en ripio con roca suelta y había que atravesar riachuelos, muchas veces sin señalización, así que no es apto para carros pequeños.

Confesamos que la recomendación resultó un completo desastre. Es una vía casi intransitable y el desgaste de la máquina es altísimo, tanto que casi quedamos a punto de quedarnos en varios tramos en los que las rocas salían despedidas cuando acelerábamos un poco. Pero con paciencia y maldiciendo bajito a la informadora, que ahora que recordamos era gorda y fea, llegamos al alto hasta llegar a Guanchín.

Desaconsejamos completamente realizar este recorrido, salvo que la hagan en la camioneta de la informadora de turismo. Nos dio impaciencia por estas recomendaciones que resultan peligrosas y que en realidad no aportan nada mas que kilómetros. Así que al terminar, directo a descansar y relajarnos un poco.

Tomamos la RN 40 al norte y llegamos a la bifuración de Fomatina y Pituil. Decidimos tomar la RN 40 sobre Pituil donde tomamos unas fotografías. Es un pueblo muy pequeño y pintoresco donde los locales producen vino patero. La tradición es que hacen fermentar el mosto en Pucas (vasijas de barro): Atravesamos pueblos como Talas, Robles y otros, todos a la vera del río Los Sauces y llegamos a San Blas de los Sauces. Cuenta con una iglesia de 1732

Allí en su parque principal encontramos una excelente senal wifi que nos sirvió para comunicarnos con nuestras familias. Continuamos a Alpasinche (tierra dura) la última población de La Rioja antes de cruzar a Catamarca.

La RN 40 se confunde con la R 60 dando fin a la región de los Cuyos en Argentina. Buenos kilómetros de aventura, paisajes, parques, historia, arqueología y buenas conversaciones viajeras.

Nuestra próxima historia ocurrirá en el NOA. Hasta la próxima.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Anónimo

    Bien por esta pareja a toda prueba, que Dios los siga bendiciendo y sigan disfrutando.

Comentarios cerrados.